Poemas en este tema

Valentía y Fortaleza

Gaspar María de la Nava Álvarez

Gaspar María de la Nava Álvarez

A La Batalla De Sehbal Por Jaafer Ben Abla

¡Ah valle de Sehbal, absorto viste
cómo contra nosotros se agitaron
varones y mujeres; y tú oíste
cuántas injurias éstas abortaron!

«Haced vuestra elección», dicen los vanos;
«Solamente tenéis dos condiciones:
o que opriman cadenas vuestras manos,
o agudas lanzas vuestros corazones».

Les replicamos: «Éstas, atrevidos,
para vosotros en la lid rabiosa;
y levantarse nunca los vencidos
logren de su caída vergonzosa».

¿Y quién sabe si acaso nos espera
en la pugna la muerte destructora,
si ha de ser nuestra vida duradera,
o cuándo de su fin será la hora?

Y en pos todo su campo recorrimos
con pie firme, sus filas deshaciendo,
y rojo el suelo con la sangre vimos,
que iba la espada en derredor vertiendo.

«Ya veis nuestra elección bien pronunciada»,
gritamos; «pues dejó el combate fiero
en nuestra mano el pomo de la espada,
en nuestro corazón el duro acero».
584
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

A La Princesa De Molfeta

Como el que de escorpión fue ya mordido,
si de allí en algún tiempo se le acuerda,
se altera, se demuda y desacuerda
y pierde la color y aun el sentido,

mi alma que improviso acaso vido
la beldad que a mi mal tan mal concuerda,
hizo que la color del rostro pierda
la memoria de haber sido ofendido.

No fue flaqueza, no, ni son amores:
la injuria al corazón ha salteado
y dio de justa cólera testigo.

No hace al caso, no, mudar colores,
señora, porque un hombre demudado
acomete mejor a su enemigo.
422
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

A Los Huesos De Los Españoles Muertos En Castinovo

Héroes gloriosos, pues el cielo
os dio más parte que os negó la tierra,
bien es que por trofeos de tanta guerra
se muestren vuestros huesos por el suelo.

Si justo desear, si honesto celo
en valeroso corazón se encierra,
ya me paresce ver, o que se atierra
por vos la Hesperia vuestra, o se alza a vuelo:

no por vengaros, no, que no dejaste
a los vivos gozar de tanta gloria,
que envuelta en vuestra sangre la llevaste,

sino para probar que la memoria
de la dichosa muerte que alcanzaste
se debe envidiar más que la victoria.
389
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Al Emperador

No fuera Alcides, no, famoso tanto,
ni durara en el mundo hoy su memoria,
si menos cara hubiera la victoria
de los monstruos que aún hoy causan espanto.

La fuerte emulación con todo cuanto
contrasta casi al par con vuestra gloria,
harán al fin, señor, que vuestra historia
nos ture con eterno e inmortal canto.

El vencer tan soberbios enemigos,
sujetar tantos monstruos, tanta gente,
con el valor que el cielo en vos derrama,

al siglo por venir serán testigos
del honor que dará perpetuamente
a Carlo Quinto Máximo la fama.
439
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Amor Mueve Mis Alas, Y Tan Alto

Amor mueve mis alas, y tan alto
las lleva el amoroso pensamiento,
que de hora en hora así subiendo siento
quedar mi padescer más corto y falto.

Temo tal vez mientra mi vuelo exalto,
mas llega luego a mí el conoscimiento
y pruébase que es poco en tal tormento
por inmortal honor un mortal salto.

Que si otro puso al mar perpetuo nombre
do el soberbio valor le dio la muerte,
presumiendo de sí más que podía,

de mí dirán: «Aquí fue muerto un hombre
que si al cielo llegar negó su suerte,
la vida le faltó, no la osadía.»
387
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

El Cielo De Sus Altos Pensamientos

El cielo de sus altos pensamientos
con las alas de amor ledo subía
Vandalio, y ni el peligro lo desvía
ni le ponen temor mil escarmientos.

Las nubes deja atrás, deja los vientos,
vencidos del valor de su osadía,
cuando de las palabras que decía
al sol, suenan acá tales acentos:

«Si fue temeridad, ojos del cielo,
osar tan sin valor volar tan alto,
sabiendo de Faetón el caso fiero,

»consentidme una vez que sin recelo
mire vuestra beldad; después si el salto
viniera a ser mortal, mortal lo quiero».
396
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

Galantería

Por ver quién recogía tu pañuelo,
que dejaste caer a unos truhanes,
con el más bravo de los capitanes
al pie de tus balcones tuve un duelo.

Me hirió su espada bajo el ferreruelo,
y para contener nuevos desmanes
le hundí el acero hasta los gavilanes
y cayó, desangrándose, en el suelo.

Y tu pañuelo recogí galante
con ademán del que recoge un guante.
Y envainando la espada enrojecida,

me alejé sonriente y satisfecho,
apretando el pañuelo contra el pecho
para enjugar la sangre de mi herida.
422
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

Lucha

LUCHA


A Emilio Fernández Vaamonde

De la vida me lanzo en el combate

sin que me selle filiación alguna,

y atrás no he de volver, hasta que ate

a mi triunfante carro la Fortuna!


Contra mis enemigos, terco y rudo,

esgrimiré en la lid, que no me apoca,

por lanza mi razón y como escudo

mi carácter más firme que una roca!


Ni el desengaño pertinaz me arredra,

ni ante los golpes del dolor me humillo:

¡la estatua surge de la tosca piedra

a fuerza de cincel y de martillo!


¡Combatir es vivir!... La luz sublime

entre las sombras de la noche crece:

¡espada que en la lucha no se esgrime,

colgada en la panoplia se enmohece!


Mi razón en peligros no repara.

O subir a la cúspide consigo,

o muero, sin volver atrás la cara,

despreciando, al caer, a mi enemigo!


Ni la derrota en mi valor rehuyo...

Mas, antes de rendirme fatigado,

me encerraré en la torre de mi orgullo,

y en sus escombros moriré aplastado!...

470
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

A La Fiesta De Toros Y Cañas Del Buen Retiro En Día Grande Nieve

Llueven calladas aguas en vellones
blancos las nubes mudas; pasa el día,
mas no sin majestad, en sombra fría,
y mira el sol, que esconde, en los balcones.

No admiten el invierno corazones
asistidos de ardiente valentía:
que influye la española monarquía
fuerza igualmente en toros y rejones.

El blasón de Jarama, humedecida,
y ardiendo, la ancha frente en torva saña,
en sangre vierte la purpúrea vida.

Y lisonjera al grande rey de España,
la tempestad, en nieve obscurecida,
aplaudió al brazo, al fresno y a la caña.
452
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Las Valentonas, Y Destreza Baile

Helas, helas por do vienen
La Corruja y la Carrasca,
A más no poder mujeres,
Hembros de la vida airada.

Mortales de miradura
Y ocasionadas de cara,
El andar a lo escocido,
El mirar a lo de l'Hampa.

Llevan puñazos de ayuda
Como perrazos de Irlanda,
Avantales voladores,
Chapinitos de en volandas.

Sombreros aprisionados,
Con porquerón en la falda,
Guedejitas de la tienda,
Colorcita de la plaza.

Mirándose a lo penoso,
Cercáronse a lo borrasca,
Hubo hocico retorcido,
Hubo agobiado de espaldas.

Ganaron la palmatoria
En el corral de las armas,
Y encaramando los hombros.
Avalentaron las sayas.

CORRUJA: «De las de la hoja
Soy flor y fruto,
Pues a los talegos
Tiro de puño.»

CARRASCA: «Tretas de montante
Son cuantas juego;
A diez manos tomo
Y a dos peleo.»

Luego, acedada de rostro
Y ahigadada de cara,
Un tarazón de mujer,
Una brizna de muchacha

Entró en la escuela del juego
Maripizca la Tamaña,
Por quien Ahorcaborricos
Murió de mal de garganta.

Presumida de ahorcados
Y preciada de gurapas
Por tener dos en racimo
Y tres patos en el agua,

Con valentía crecida
Y con postura bizarra
Desembrazando a los dos,
En esta manera garla:

[MARIPIZCA:] «Llamo uñas arriba
A cuantos llamo,
Y al recibo los hiero
Uñas abajo.

»Para el que me embiste
Pobre y en cueros,
Siempre es mi postura
Puerta de hierro.»

Rebosando valentía,
Entró Santurde el de Ocaña,
Zaino viene de bigotes
Y atraidorado de barba.

Un locutorio de monjas
Es guarnición de la daga,
Que en puribus trae al lado
Con más hierro que Vizcaya.

Capotico de Antemulas,
Sombrerico de la carda,
Coleto de por el vivo,
Más probado que la pava.

Entró de capa caída,
Como los valientes andan,
Azumbrada la cabeza
Y bebida la palabra:

[SANTURDE:] «Tajo no le tiro,
Menos le bebo;
Estocadas de vino
Son cuantas pego.»

Una rueda se hicieron;
¿Quién duda que de navajas?
Los codos tiraron coces,
Azogáronse las plantas;

Trastornáronse los cuerpos,
Desgoznáronse las arcas,
Los pies se volvieron locos,
Endiabláronse las plantas.

No suenan las castañetas,
Que de puro grandes, ladran,
Mientras al son se concomen,
Aunque ellos piensan que bailan.

Maripizca tornó el puesto,
Santurde tomó la espada,
Con el montante el Maestro
Dice que guarden las caras.

[MAESTRO:] «De verdadera destreza
Soy Carranza,
Pues con tocas y alfileres
Quito espadas.

»Que tengo muy buenos tajos
Es lo cierto,
Y algunos malos reveses
También tengo.
»El que quisiere triunfar,
Salga de oros,
Que el salir siempre de espadas
Es de locos.»

MAESTRO: «Siente ahora la Corruja.»
CORRUJA: «Aquesta venida vaya.»
MAESTRO: «Jueguen destreza vuarcedes.»
SANTURDE: «Somos amigos, y basta.»
MAESTRO: «No es juego limpio brazal.»
CORRUJA: «Si no es limpio que no valga.»
MAESTRO: «Siente vuarced.»
SANTURDE:
«Que ya siento,
Y siento pese a su
alma.»

Tornáronse a dividir
En diferentes escuadras,
Y denodadas de pies,
Todas juntas se barajan.

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «Entráronme con escudos,
Cansáronme con rodelas;
Cobardía es sacar pies,
Cordura sacar moneda.

»Aguardar es de valientes
Y guardar es de discretas,
La herida de conclusión
Es la de la faltriquera.»

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «Ángulo agudo es tomar;
No tomar, ángulo bestia;
Quien viene dando a mi casa,
Se viene por línea recta.

»La universal es el dar;
Cuarto círculo, cadena;
Atajo, todo dinero;
Rodeo, toda promesa.»

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «El que quisiere aprender
La destreza verdadera,
En este poco de cuerpo
Vive quien mejor la enseña.»
368
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Epitafio Del Sepulcro, Y Con Las Armas Del Duque De Osuna Habla El Mármol

Memoria soy del más glorioso pecho
Que España en su defensa vio triunfante;
En mí podrás, amigo Caminante,
Un rato descansar del largo trecho.

Lágrimas de soldados han deshecho
En mí las resistencias de diamante;
Yo cierro al que el Ocaso y el Levante
A su Victoria dio Círculo estrecho.

Estas Armas, vïudas de su Dueño,
Que visten de funesta valentía
Este, si humilde, venturoso leño,

Del grande Osuna son; Él las vestía,
Hasta que apresurado el postrer sueño,
Le ennegreció con Noche el blanco Día.
513
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Al Rey Felipe Iii

Escondida debajo de tu armada,
Gime la mar, la vela llama al viento,
Y a las Lunas del Turco el firmamento
Eclipse les promete en tu jornada.

Quiere en las venas del Inglés tu espada
Matar la sed al Español sediento,
Y en tus armas el Sol desde su asiento
Mira su lumbre en rayos aumentada.

Por ventura la Tierra de envidiosa
Contra ti arma ejércitos triunfantes,
En sus monstruos soberbios poderosa;

Que viendo armar de rayos fulminantes,
O Júpiter, tu diestra valerosa,
Pienso que han vuelto al mundo los Gigantes.
650
Fray Luis de León

Fray Luis de León

Oda Xv - A Don Pedro Portocarrero

No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad, ni siempre atina
la envidia ponzoñosa,
y la fuerza sin ley que más se empina
al fin la frente inclina;
que quien se opone al cielo,
cuando más alto sube, viene al suelo.

Testigo es manifiesto
el parto de la Tierra mal osado,
que, cuando tuvo puesto
un monte encima de otro, y levantado,
al hondo derrocado,
sin esperanza gime
debajo su edificio que le oprime.

Si ya la niebla fría
al rayo que amanece odiosa ofende
y contra el claro día
las alas oscurísimas estiende,
no alcanza lo que emprende,
al fin y desparece,
y el sol puro en el cielo resplandece.

No pudo ser vencida,
ni la será jamás, ni la llaneza
ni la inocente vida
ni la fe sin error ni la pureza,
por más que la fiereza
del Tigre ciña un lado,
y el otro el Basilisco emponzoñado;

por más que se conjuren
el odio y el poder y el falso engaño,
y ciegos de ira apuren
lo propio y lo diverso, ajeno, estraño,
jamás le harán daño;
antes, cual fino oro,
recobra del crisol nuevo tesoro.

El ánimo constante,
armado de verdad, mil aceradas,
mil puntas de diamante
embota y enflaquece y, desplegadas
las fuerzas encerradas,
sobre el opuesto bando
con poderoso pie se ensalza hollando;

y con cien voces suena
la Fama, que a la Sierpe, al Tigre fiero
vencidos los condena
a daño no jamás perecedero;
y, con vuelo ligero
veniendo, la Vitoria
corona al vencedor de gozo y gloria.
675
Fray Luis de León

Fray Luis de León

Oda Ii - A Don Pedro Portocarrero

Virtud, hija del cielo,
la más ilustre empresa de la vida,
en el escuro suelo
luz tarde conocida,
senda que guía al bien, poco seguida;

tú dende la hoguera
al cielo levantaste al fuerte Alcides,
tú en la más alta esfera
con las estrellas mides
al Cid, clara victoria de mil lides.

Por ti el paso desvía
de la profunda noche, y resplandece
muy más que el claro día
de Leda el parto, y crece
el Córdoba a las nubes, y florece;

y por su senda agora
traspasa luengo espacio con ligero
pie y ala voladora
el gran Portocarrero,
osado de ocupar el bien primero.

Del vulgo se descuesta,
hollando sobre el oro; firme aspira
a lo alto de la cuesta;
ni violencia de ira,
ni blando y dulce engaño le retira.

Ni mueve más ligera,
ni más igual divide por derecha
el aire, y fiel carrera,
o la traciana flecha
o la bola tudesca un fuego hecha.

En pueblo inculto y duro
induce poderoso igual costumbre
y, do se muestra escuro
el cielo, enciende lumbre,
valiente a ilustrar más alta cumbre.

Dichosos los que baña
el Miño, los que el mar monstruoso cierra,
dende la fiel montaña
hasta el fin de la tierra,
los que desprecia de Eume la alta sierra.
439
Fernando de Herrera

Fernando de Herrera

Subo Con Tan Gran Peso Quebrantado

Subo con tan gran peso quebrantado
por esta alta, empinada, aguda sierra,
que aun no llego a la cumbre cuando yerra
el pie y trabuco al fondo despeñado.

Del golpe y de la carga maltratado,
me alzo a pena y a mi antigua guerra
vuelvo ¿mas qué me vale? Que la tierra
mesma me falta al curso acostumbrado.

Pero aunque en el peligro desfallesco
no desamparo el paso; que antes torno
mil veces a cansarme en este engaño.

Crece el temor y en la porfía cresco,
y sin cesar, cual rueda vuelve en torno,
así revuelvo a despeñarme al daño.
492
Fernando de Herrera

Fernando de Herrera

Osé Y Temí, Mas Pudo La Osadía

Osé y temí, mas pudo la osadía
tanto que desprecié el temor cobarde;
subí a do el fuego más me enciende y arde
cuanto más la esperanza se desvía.

Gasté en error la edad florida mía,
ahora veo el daño, pero tarde,
que ya mal puede ser que el seso guarde
a quien se entrega ciego a su porfía.

Tal vez prüebo —mas, ¿qué me vale?— alzarme
del grave peso que mi cuello oprime,
aunque falta a la poca fuerza el hecho.

Sigo al fin mi furor, porque mudarme
no es honra ya, ni justo que se estime
tan mal de quien tan bien rindió su pecho.
550
Francisco de Aldana

Francisco de Aldana

Pocos Tercetos Escritos A Un Amigo

Mientras estáis allá con tierno celo,
de oro, de seda y púrpura cubriendo
el de vuestra alma vil terrestre velo,

sayo de hierro acá yo estoy vistiendo,
cota de acero, arnés, yelmo luciente,
que un claro espejo al sol voy pareciendo.

Mientras andáis allá lascivamente
con flores de azahar, con agua clara
los pulsos refrescando, ojos y frente,

yo de honroso sudor cubro mi cara
y de sangre enemiga el brazo tiño
cuando con más furor muerte dispara.

Mientras que a cada cual con su desiño
urdiendo andáis allá mil trampantojos,
manchada el alma más que piel de armiño,

yo voy acá y allá, puestos los ojos
en muerte dar al que tener se gloria
del ibero valor ricos despojos.

Mientras andáis allá con la memoria
llena de las blanduras de Cupido,
publicando de vos llorosa historia,

yo voy aca de furia combatido,
de aspereza y desdén, lleno de gana
que Ludovico al fin quede vencido.

Mientras cual nuevo sol por la mañana
todo compuesto andáis ventaneando
en haca, sin parar, lucia y galana,

yo voy sobre un jinete acá saltando
el andén, el barranco, el foso, el lodo,
al cercano enemigo amenazando.

Mientras andáis allá metido todo
en conocer la dama, o linda o fea,
buscando introducción por diestro modo,

yo reconozco el sitio y la trinchea
deste profano a Dios vil enemigo,
sin que la muerte al ojo estorbo sea.
412
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

El Guapo

El barrio le admira. Cultor del coraje,

conquistó, a la larga, renombre de osado,

se impuso en cien riñas entre el compadraje

y de las prisiones salió consagrado.



Conoce sus triunfos y ni aún le inquieta

la gloria de otros, de muchos temida,

pues todo el Palermo de acción le respeta

y acata su fama, jamás desmentida.



Le cruzan el rostro, de estigmas violentos,

hondas cicatrices, y quizás le halaga

llevar imborrables adornos sangrientos:

caprichos de hembra que tuvo la daga.



La esquina o el patio, de alegres reuniones,

le oye contar hechos, que nadie le niega:

¡Con una guitarra de altivas canciones

él es Juan Moreira, y él es Santos Vega!



Con ese sombrero que inclinó a los ojos,

¡Con una guitarra de altivas canciones

cantando aventuras, de relatos rojos,

parece un poeta que fuese bandido!



Las mozas más lindas del baile orillero

para él no se muestran esquivas y hurañas,

tal vez orgullosas de ese compañero

que tiene aureolas de amores y hazañas.



Nada se le importa de la envidia ajena,

ni que el rival pueda tenderle algún lazo:

no es un enemigo que valga la pena

pues ya una vez lo hizo caer de un hachazo.



Gente de avería, que guardan crueles

brutales recuerdos en los costurones

que dejara el tajo, sumisos y fieles

le siguen y adulan imberbes matones.



Aunque le ocasiona muchos malos ratos,

en las elecciones es un caudillejo

que por el buen nombre de los candidatos

en los peores trances expone el pellejo



Pronto a la pelea pasión del cuchillo

que ilustra las manos por él mutiladas,

su pieza, amenaza de algún conventillo,

es una academia de ágiles visteadas.



Porque en sus impulsos de alma pendenciera

desprecia el peligro sereno y bizarro,

¡Para él la vida no vale siquiera

la sola pitada de un triste cigarro!



Y allá va pasando con aire altanero,

luciendo las prendas de su gallardía,

procaz e insolente como un mosquetero

que tiene en su guardia la chusma bravía.
489
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

A Juan José De Soiza Reilly

Al astrólogo ensueño, sus novias: las estrellas,
contáronle el secreto de unas cosas tan bellas
que un ruiseñor lunático, que cantaba a las rosas,
puso en sus sinfonías esas extrañas cosas.

Era un noble pronóstico, que, enigmáticamente,
irradiaba su verbo, como un límpido oriente
en gestación de soles. (Quizá una profecía
de los magos geniales en blanca Epifanía).

Eran graves promesas. Era un coro de astros
que dejaba en la pauta sus luminosos rastros:
Yo, en mi musa salvaje, los evoqué, y entonces
hablaron las estrellas con la voz de los bronces.

Y así ritmo un saludo. Si hallas la canción dura,
es porque cada estrofa tiene algo de armadura,
que al corazón resguarda de la flecha amistosa:
la que al clavarse, a veces se vuelve ponzoñosa.

Tal vez en el Envío que trabaja mi mano
me ayuda Perogrullo ¡Tan ingenioso y llano!
Son versos como zarzas, pero hay en sus rudezas
muchas síntesis bravas de temidas bellezas.

La epopeya del triunfo se ha anunciado sonora,
al galope del rojo centauro de la aurora,
que llega, como heraldo de la ciudad lejana,
precursor del saludo, del laurel y la diana.

Floraciones de músicas en un carmen de gloria
divulgan los clarines la futura victoria,
pues, sobre nidos de águilas se ha soñado la lumbre
de las teas clavadas en la más alta cumbre.

Desfilan en el biógrafo del recuerdo entusiasta,
los residuos amargos de la sufriente casta:
tus vagabundos trágicos, tus tristes heroínas:
testas de manicomios, cuellos de guillotinas,

tus perros soñadores, con nostalgias de luna,
la historia de la humana pasión donde se aduna
el delito y el beso, la amada y el suicida
que se fue de la reja y después de la vida,

tus asesinos bárbaros, apóstoles del crimen,
tus pobres Margaritas que jamás se redimen,
tus poetas borrachos, con hambres de apoteosis,
tus Nietzsches de presidios en celdas de neurosis

Y lo demás y todo La herida de la pena,
que tiene tintes rojos para cada azucena,
y el último lamento del niño moribundo
que fue como un andrajo flotando sobre el mundo.

Y lo que no harás nunca: lo que ocultó su clave,
tal alma que al cerrarse se guardara la llave,
lo que dejó la vida, por infame y monstruoso,
en una frase trunca de gesto doloroso.

Sea tu credo, hermano, mezcla de luz y acero:
el triunfador es bravo y es duro el justiciero,
porque la bondad misma, no es sino el espejismo
que esconde el burgués sello del señor Egoísmo.

Así, mantén tu lema: fuerte como la muerte,
para siempre in eternum, porque ya de esa fuerte
raza de Don Quijote vamos quedando pocos:
¡No hablaron de los vientres los Zarathustras locos!

Acometen serenos los modernos andantes,
que aún medran soberbios vestigios y gigantes.
¡Cabeza y brazo para realizar el empeño:
si Rocinante es torpe que venga Clavileño!

Den, sin temor, ejemplos de viriles acciones
delante de las jaulas de todos los leones
y el burlador cobarde que se clave en la frente
las bellezas normales que le hacen ser hiriente.

Buscando los peligros, en ignoradas sendas,
no sabrán las heridas de femeniles vendas,
pero, eso sí, las lanzas, señores caballeros,
encontrarán molinos y, aún mucho más, carneros,

entuertos y prejuicios, y otros añejos males,
bellacos, malandrines, follones, hidetales
y toda la caterva del torvo Encantamiento
que ha hecho del abdomen Ideal y Pensamiento.

Compañero: ¡Levanta, coronando imposibles,
el quijotismo, y lleva, como armas invencibles,
cuando emprendas alguna simbólica salida,
el genio por escudo, y por blasón la vida!
565
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Yo he repartido
papeletas clandestinas

Gritando
¡Viva la Libertad!
en plena calle

deafiando a los
guardias armados

Yo participé en la
rebelión de abril

pero palidezco
cuando paso por tu casa

y tu sola mirada
me hace temblar.
1.632
Duque de Rivas

Duque de Rivas

El Alcázar De Sevilla Romance Cuarto

Grande rumor se alza, y cunde
De armas, caballos y pueblo
De Sevilla por las calles,
Al Maestre recibiendo.

Suenan los vivas, unidos
Con los retumbantes ecos,
Que en la altísima Giralda
Esparce el bronce hasta el cielo,

Vase acercando la turba,
Pero se la escucha menos;
Ya a la plaza de palacio
Llega y párase en silencio;

Que la vista del Alcázar
Gozaba del privilegio
De apagar todo entusiasmo,
De convertir todo en miedo.

Quedó, pues, mudo el gentío,
Falto de acción y de aliento,
Para pisar la gran plaza
Con un mágico respeto;

Y el Maestre de Santiago,
Con algunos caballeros
De su Orden, entra, seguido
De corto acompañamiento.

Dirígese hacia la puerta,
Como aquel que va derecho
A encontrar de un buen hermano
El alma y brazos abiertos,

O como noble caudillo,
Que por sus gloriosos hechos
De un Rey a recibir llega
Los elogios y los premios.

Sobre un morcillo lozano,
Que espuma respira y fuego,
Y a quien contiene la brida
Si ensoberbece el arreo,

Muéstrase el noble Fadrique
Con el blanco manto suelto,
En que el collar y cruz roja
Van su dignidad diciendo;

Y una, toca de velludo
Carmesí lleva, do el viento
Agita un. blanco penacho
Con borlas de oro sujeto.
771
Juan de Tassis y Peralta

Juan de Tassis y Peralta

Al Alguacil Pedro Vergel

La llave del toril, por ser más diestro,
dieron al buen Vergel y por cercano
deudo de los que tiene so su mano,
pues le tiene esta Villa por cabestro.

Aunque en esto de cuernos es maestro
y de la facultad es el decano,
un torillo, enemigo de su hermano,
al suelo le arrojó con fin siniestro.

Pero como jamás hombres han visto
un cuerno de otro cuerno horadado
y Vergel con los toros es bienquisto,

aunque esta vez le vieron apretado
sano y salvo salió, gracias a Cristo;
que Vergel contra cuernos es hadado.

449
César Vallejo

César Vallejo

Otro Poco De Calma, Camarada

Otro poco de calma, camarada;
un mucho inmenso, septentrional, completo,
feroz, de calma chica,
al servicio menor de cada triunfo
y en la audaz servidumbre del fracaso.

Embriaguez te sobra, y no hay
tanta locura en la razón, como este
tu raciocinio muscular, y no hay
más racional error que tu experiencia.

Pero, hablando más claro
y pensándolo en oro, eres de acero,
a condición que no seas
tonto y rehuses
entusiasmarte por la muerte tánto
y por la vida, con tu sola tumba.

Necesario es que sepas
contener tu volumen sin correr, sin afligirte,
tu realidad molecular entera
y más allá, la marcha de tus vivas
y más acá, tus mueras legendarios.

Eres de acero, como dicen,
con tal que no tiembles y no vayas
a reventar, compadre
de mi cálculo, enfático ahijado
de mis sales luminosas!

Anda, no más; resuelve,
considera tu crisis, suma, sigue,
tájala, bájala, ájala;
el destino, las energías íntimas, los catorce
versículos del pan: ¡cuántos diplomas
y poderes, al borde fehaciente de tu arranque!
¡Cuánto detalle en síntesis, contigo!
¡Cuánta presión idéntica, a tus pies!
¡Cuánto rigor y cuánto patrocinio!

Es idiota
ese método de padecimiento,
esa luz modulada y virulenta,
si con sólo la calma haces señales
serias, características, fatales.

Vamos a ver, hombre;
cuéntame lo que me pasa,
que yo, aunque grite, estoy siempre a tus órdenes.
769
César Vallejo

César Vallejo

Marcha Nupcial

A la cabeza de mis propios actos,
corona en mano, batallón de dioses,
el signo negativo al cuello, atroces
el fósforo y la prisa, estupefactos

el alma y el valor, con dos impactos
al pie de la mirada; dando voces;
los límites, dinámicos, feroces;
tragándome los lloros inexactos,

me encenderé, se encenderá mi hormiga,
se encenderán mi llave, la querella
en que perdí la causa de mi huella.

Luego, haciendo del átomo una espiga,
encenderé mis hoces al pie de ella
y la espiga será por fin espiga.
891