Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
Ernesto Cardenal
Epigrama
Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
3.027
Ernesto Cardenal
Epigrama
Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.
3.027
Andrés Eloy Blanco
La Renuncia
He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su
boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates
de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su
boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates
de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
1.790
Diego de Torres y Villarroel
Villancico Las Aldeanas
Por ir a adorar al Niño
una tropa de aldeanas,
quieren dejar su ganado
recogido en estas Pascuas;
con alborozo festivo
buscan pandero y sonajas,
y entre unas y otras haciendas
anda una bulla extremada.
Dúo: Hola, jau, ah
Gileta,
vamos presto, despacha,
recoge esas aves,
los perros espanta;
y al portal caminemos
con gusto y zambra,
a celebrar del Niño
las bellas gracias.
Coro: Hola, jau, ah Gileta,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités.
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Dúo: Ah zagala,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités,
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Solo 2: Quiquiriquí.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Prestito,
muchacha.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Ah zagala,
alto a buscar
el pandero y sonaja,
y al Niño cantemos
alguna tonada.
Solo 1: Ya todo está
pronto.
Dúo: Pues que suene y
vaya.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 1: Atención, que
ya empiezo.
Dúo: Pues dale,
muchacha.
Solo 1: A Belén
caminemos,
zagala hermosa:
andar, andar,
que hay un Niño entre pajas
como unas rosas;
andar, andar, sí, sí,
como unas rosas.
Dúo: Viva, viva
Bartola,
que es linda, extremada.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Dúo: Y todos repitan
con gusto y gracia:
Unísono: A Belén
caminemos,
zagala hermosa, etc.
una tropa de aldeanas,
quieren dejar su ganado
recogido en estas Pascuas;
con alborozo festivo
buscan pandero y sonajas,
y entre unas y otras haciendas
anda una bulla extremada.
Dúo: Hola, jau, ah
Gileta,
vamos presto, despacha,
recoge esas aves,
los perros espanta;
y al portal caminemos
con gusto y zambra,
a celebrar del Niño
las bellas gracias.
Coro: Hola, jau, ah Gileta,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités.
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Dúo: Ah zagala,
vamos presto, despacha.
Solo: Pités,
pités, pités,
Coro: Gir, gir, gir, pau, pau,
pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Solo 2: Quiquiriquí.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Prestito,
muchacha.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 2: Quiquiriquí.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Dúo: Los perros
espanta.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Dúo: Ah zagala,
alto a buscar
el pandero y sonaja,
y al Niño cantemos
alguna tonada.
Solo 1: Ya todo está
pronto.
Dúo: Pues que suene y
vaya.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Coro: Gir, gir, pau, pau.
Solo 1: Atención, que
ya empiezo.
Dúo: Pues dale,
muchacha.
Solo 1: A Belén
caminemos,
zagala hermosa:
andar, andar,
que hay un Niño entre pajas
como unas rosas;
andar, andar, sí, sí,
como unas rosas.
Dúo: Viva, viva
Bartola,
que es linda, extremada.
Solo 3: Gua, gua, gua.
Solo 1: Ah tuso, anda fuera,
mal haya tu alma.
Dúo: Y todos repitan
con gusto y gracia:
Unísono: A Belén
caminemos,
zagala hermosa, etc.
613
Diego de Torres y Villarroel
El Amor Perdido
Salió el niño de Venus más querido
a su blanda conquista acostumbrada
y tardando en volver a su morada
diole la bella madre por perdido.
Sale, corre, pregunta por Cupido
impaciente solicita asustada
mustio el color, el pelo desgreñada,
en Chipre le buscó Pafos y Gnido.
Búscale entre las ninfas que venera
más hermosas, la selva, el río, el prado,
búscale entre las ninfas que el mar cría
Toco del padre Tormes la ribera
y hállole aquí pendiente del nevado
cuello de la hermosísima María.
a su blanda conquista acostumbrada
y tardando en volver a su morada
diole la bella madre por perdido.
Sale, corre, pregunta por Cupido
impaciente solicita asustada
mustio el color, el pelo desgreñada,
en Chipre le buscó Pafos y Gnido.
Búscale entre las ninfas que venera
más hermosas, la selva, el río, el prado,
búscale entre las ninfas que el mar cría
Toco del padre Tormes la ribera
y hállole aquí pendiente del nevado
cuello de la hermosísima María.
646
Diego de Torres y Villarroel
Al Amor
Ente chismoso, fábula, quimera,
diosecillo infernal, diablo cojuelo,
yo por ti ni un suspiro, ni un desvelo;
el diantre me llevará si tal diera
Si Filis con sus ojos no viniera
guardándote a mi rabia picaruelo
cuando tu arpón o tu carcaj o anzuelo
de haberme herido blasonar pudiera
Si quieres ver al libre ceño mío
burlar el fuerte impulso de tus botes
sin Filis ven conmigo a desafío
Que sin más que mirarme a los bigotes
arañado saldrás de mi albedrío
y te daré muchísimos azotes.
diosecillo infernal, diablo cojuelo,
yo por ti ni un suspiro, ni un desvelo;
el diantre me llevará si tal diera
Si Filis con sus ojos no viniera
guardándote a mi rabia picaruelo
cuando tu arpón o tu carcaj o anzuelo
de haberme herido blasonar pudiera
Si quieres ver al libre ceño mío
burlar el fuerte impulso de tus botes
sin Filis ven conmigo a desafío
Que sin más que mirarme a los bigotes
arañado saldrás de mi albedrío
y te daré muchísimos azotes.
562
Diego de Torres y Villarroel
A Clori
Clori solicitar con un presente,
inclinar la belleza que enamora,
el triste amante que padece y llora
fugitivo desdén, ira inclemente,
No es quererla comprar groseramente
la piedad y el amor a su señora
sino agradar a la beldad que adora
haciéndola un obsequio reverente
No es esto poner precio a las beldades
supremas si prudente lo reparas
no es desaire ni así llamarlo oses
Dobla el don las sagrades majestades
no es agravio la ofrenda de las aras
las dádivas aplacan a los Dioses.
inclinar la belleza que enamora,
el triste amante que padece y llora
fugitivo desdén, ira inclemente,
No es quererla comprar groseramente
la piedad y el amor a su señora
sino agradar a la beldad que adora
haciéndola un obsequio reverente
No es esto poner precio a las beldades
supremas si prudente lo reparas
no es desaire ni así llamarlo oses
Dobla el don las sagrades majestades
no es agravio la ofrenda de las aras
las dádivas aplacan a los Dioses.
554
Diego de Torres y Villarroel
A Clori
Clori solicitar con un presente,
inclinar la belleza que enamora,
el triste amante que padece y llora
fugitivo desdén, ira inclemente,
No es quererla comprar groseramente
la piedad y el amor a su señora
sino agradar a la beldad que adora
haciéndola un obsequio reverente
No es esto poner precio a las beldades
supremas si prudente lo reparas
no es desaire ni así llamarlo oses
Dobla el don las sagrades majestades
no es agravio la ofrenda de las aras
las dádivas aplacan a los Dioses.
inclinar la belleza que enamora,
el triste amante que padece y llora
fugitivo desdén, ira inclemente,
No es quererla comprar groseramente
la piedad y el amor a su señora
sino agradar a la beldad que adora
haciéndola un obsequio reverente
No es esto poner precio a las beldades
supremas si prudente lo reparas
no es desaire ni así llamarlo oses
Dobla el don las sagrades majestades
no es agravio la ofrenda de las aras
las dádivas aplacan a los Dioses.
554
Diego de Torres y Villarroel
A Francisca De Castro, Cómica Y Cantora
Bella madre de Amor dádiva hermosa
que hizo a la tierra Jove soberano
embeleso del chiste cortesano
y reina del donaire poderoso
¡Oh! mil veces felice la dichosa
hora en que el cielo dio con larga mano
para deleite del linaje humano
al mundo tu belleza prodigiosa
¡Oh! si fuese la voz de mi instrumento
émula de los cantos más gloriosos
y no desagradable ronca y triste
Pasara yo mi vida y que contento
celebrando com himnos armoniosos
la fortunada aurora en que naciste.
que hizo a la tierra Jove soberano
embeleso del chiste cortesano
y reina del donaire poderoso
¡Oh! mil veces felice la dichosa
hora en que el cielo dio con larga mano
para deleite del linaje humano
al mundo tu belleza prodigiosa
¡Oh! si fuese la voz de mi instrumento
émula de los cantos más gloriosos
y no desagradable ronca y triste
Pasara yo mi vida y que contento
celebrando com himnos armoniosos
la fortunada aurora en que naciste.
457
Diego de Torres y Villarroel
A Filis
No encubras Filis mía tus facciones
tus ojos apacibles y serenos,
solo en tus perfecciones se echa menos
el no comunicar tus perfecciones
No ves en las floridas estaciones
las flores en los cuadros más amenos
derramar su hermosura y dejar llenos
los sentidos rompiendo sus botones
Tú eres un cuadro que el autor divino
plantó del mundo en el jardín hermoso
dando al sentido gloria en su pintura
No escondas, no, tu rostro peregrino
que le robas al mundo un bien precioso
mira que es bien ajeno la hermosura.
tus ojos apacibles y serenos,
solo en tus perfecciones se echa menos
el no comunicar tus perfecciones
No ves en las floridas estaciones
las flores en los cuadros más amenos
derramar su hermosura y dejar llenos
los sentidos rompiendo sus botones
Tú eres un cuadro que el autor divino
plantó del mundo en el jardín hermoso
dando al sentido gloria en su pintura
No escondas, no, tu rostro peregrino
que le robas al mundo un bien precioso
mira que es bien ajeno la hermosura.
582
Dionisio Ridruejo
Memoria
Y resbaló el amor estremecido
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.
Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.
Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,
los labios avanzaron como olas.
Y sumiso en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.
Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.
Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,
los labios avanzaron como olas.
Y sumiso en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.
464
Dionisio Ridruejo
Nostalgia Del Primer Amor
Tu soledad de nieve reclinada,
virginal y sencilla, en mi memoria,
como agua fiel de fatigada noria
viene a regar mi voz enamorada.
¡Cómo recrea el alma sosegada
la penumbra y dulzor de aquella historia
con resplandores de tardía gloria
entre abejas y frutos constelada!
¡Oh, delicada llama, ardor primero
velado en llanto y celestial mirada,
par del trino, la fuente y la azucena!
Mírame combatido y prisionero
volver a tu ilusión breve y tronchada
como un temblor en la desierta arena.
virginal y sencilla, en mi memoria,
como agua fiel de fatigada noria
viene a regar mi voz enamorada.
¡Cómo recrea el alma sosegada
la penumbra y dulzor de aquella historia
con resplandores de tardía gloria
entre abejas y frutos constelada!
¡Oh, delicada llama, ardor primero
velado en llanto y celestial mirada,
par del trino, la fuente y la azucena!
Mírame combatido y prisionero
volver a tu ilusión breve y tronchada
como un temblor en la desierta arena.
476
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Tercero
Cual de solitaria torre
En torno están revolando
Fieras aves de rapiña,
Cuando el sol baja al ocaso,
Así en torno de Don Pedro
Vuelan pensamientos varios,
Cuyas sombras ofuscaban
De su semblante los rasgos.
Ya ocupa su airada mente
El poder de sus hermanos,
A los que mató la madre,
Y a quienes llama bastardos;
Ya de los grandes inquietos
La insolencia y desacato,
O la mengua del tesoro
Sin medios de repararlo;
Ya la linda Doña Aldonza,
A quien tiene a buen recaudo;
O las sangrientas fantasmas
De inocentes que ha matado;
Ya una proyectada empresa
Rompiendo la fe de un pacto,
Contra el moro granadino,
O una traición o un engaño.
Mas, como las mismas aves
Se van escondiendo al cabo,
Entre las almenas rotas
Del castillo solitario,
Y sólo constante queda,
En torno de él volteando,
La más voraz, la más fuerte,
La que no admite descanso,
Así aquel tropel confuso
De pensamientos extraños,
En que se encontró Don Pedro
Envuelto pequeño rato,
En su pecho y su cabeza
Fueron nidos encontrando,
Y quedó despierta y viva,
Dándole gran sobresalto,
La imagen de Don Fadrique,
El mejor de sus hermanos,
Norma de los caballeros
Y Maestre de Santiago.
En torno están revolando
Fieras aves de rapiña,
Cuando el sol baja al ocaso,
Así en torno de Don Pedro
Vuelan pensamientos varios,
Cuyas sombras ofuscaban
De su semblante los rasgos.
Ya ocupa su airada mente
El poder de sus hermanos,
A los que mató la madre,
Y a quienes llama bastardos;
Ya de los grandes inquietos
La insolencia y desacato,
O la mengua del tesoro
Sin medios de repararlo;
Ya la linda Doña Aldonza,
A quien tiene a buen recaudo;
O las sangrientas fantasmas
De inocentes que ha matado;
Ya una proyectada empresa
Rompiendo la fe de un pacto,
Contra el moro granadino,
O una traición o un engaño.
Mas, como las mismas aves
Se van escondiendo al cabo,
Entre las almenas rotas
Del castillo solitario,
Y sólo constante queda,
En torno de él volteando,
La más voraz, la más fuerte,
La que no admite descanso,
Así aquel tropel confuso
De pensamientos extraños,
En que se encontró Don Pedro
Envuelto pequeño rato,
En su pecho y su cabeza
Fueron nidos encontrando,
Y quedó despierta y viva,
Dándole gran sobresalto,
La imagen de Don Fadrique,
El mejor de sus hermanos,
Norma de los caballeros
Y Maestre de Santiago.
765
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Segundo
Quinientos años más joven
Era el magnífico Alcázar,
Aun lustrosas sus paredes,
Su alto almenaje sin faltas,
Y lucientes los esmaltes
De las techumbres doradas,
Mansión del rey de Castilla
Orgulloso se ostentaba,
Cuando del Mayo florido
Una. apacible mañana,
En aquel salón que tiene
Los balcones a la plaza,
Dos ilustres personajes
En grande silencio estaban:
Un caballero era el uno,
El otro una hermosa, dama.
Era el magnífico Alcázar,
Aun lustrosas sus paredes,
Su alto almenaje sin faltas,
Y lucientes los esmaltes
De las techumbres doradas,
Mansión del rey de Castilla
Orgulloso se ostentaba,
Cuando del Mayo florido
Una. apacible mañana,
En aquel salón que tiene
Los balcones a la plaza,
Dos ilustres personajes
En grande silencio estaban:
Un caballero era el uno,
El otro una hermosa, dama.
815
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Primero
Magnifico es el Alcázar
Con que se ilustra Sevilla,
Deliciosos sus jardines,
Su excelsa portada rica.
De maderos entallados
En mil labores prolijas,
Se levanta el frontispicio
De resaltadas cornisas;
Y hay en ellas un letrero
Donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
Esculpido se divisa.
Mal dicen en sus salones
Las modernas fruslerías;
Mal en sus soberbios patios
Gente sin barba y ropilla.
¡Cuántas apacibles tardes,
En la grata compañía
De chistosos sevillanos
Y de sevillanas lindas,
Recorrí aquellos verjeles,
En cuya entrada se miran
Gigantes de arrayán hechos
Con actitudes distintas!
Las adelfas y naranjos
Forman calles extendidas,
Y un oscuro laberinto
Que a los hurtos de amor brinda.
Hay en tierra surtidores
Escondidos; se inprovisan,
Saltando entre los mosaicos
De pintadas piedrecillas.
Y a los forasteros mojan,
Con algazara y con risa
De los que, ya escarmentados,
El chasco pesado evitan.
Con que se ilustra Sevilla,
Deliciosos sus jardines,
Su excelsa portada rica.
De maderos entallados
En mil labores prolijas,
Se levanta el frontispicio
De resaltadas cornisas;
Y hay en ellas un letrero
Donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
Esculpido se divisa.
Mal dicen en sus salones
Las modernas fruslerías;
Mal en sus soberbios patios
Gente sin barba y ropilla.
¡Cuántas apacibles tardes,
En la grata compañía
De chistosos sevillanos
Y de sevillanas lindas,
Recorrí aquellos verjeles,
En cuya entrada se miran
Gigantes de arrayán hechos
Con actitudes distintas!
Las adelfas y naranjos
Forman calles extendidas,
Y un oscuro laberinto
Que a los hurtos de amor brinda.
Hay en tierra surtidores
Escondidos; se inprovisan,
Saltando entre los mosaicos
De pintadas piedrecillas.
Y a los forasteros mojan,
Con algazara y con risa
De los que, ya escarmentados,
El chasco pesado evitan.
702
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Primero
Magnifico es el Alcázar
Con que se ilustra Sevilla,
Deliciosos sus jardines,
Su excelsa portada rica.
De maderos entallados
En mil labores prolijas,
Se levanta el frontispicio
De resaltadas cornisas;
Y hay en ellas un letrero
Donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
Esculpido se divisa.
Mal dicen en sus salones
Las modernas fruslerías;
Mal en sus soberbios patios
Gente sin barba y ropilla.
¡Cuántas apacibles tardes,
En la grata compañía
De chistosos sevillanos
Y de sevillanas lindas,
Recorrí aquellos verjeles,
En cuya entrada se miran
Gigantes de arrayán hechos
Con actitudes distintas!
Las adelfas y naranjos
Forman calles extendidas,
Y un oscuro laberinto
Que a los hurtos de amor brinda.
Hay en tierra surtidores
Escondidos; se inprovisan,
Saltando entre los mosaicos
De pintadas piedrecillas.
Y a los forasteros mojan,
Con algazara y con risa
De los que, ya escarmentados,
El chasco pesado evitan.
Con que se ilustra Sevilla,
Deliciosos sus jardines,
Su excelsa portada rica.
De maderos entallados
En mil labores prolijas,
Se levanta el frontispicio
De resaltadas cornisas;
Y hay en ellas un letrero
Donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
Esculpido se divisa.
Mal dicen en sus salones
Las modernas fruslerías;
Mal en sus soberbios patios
Gente sin barba y ropilla.
¡Cuántas apacibles tardes,
En la grata compañía
De chistosos sevillanos
Y de sevillanas lindas,
Recorrí aquellos verjeles,
En cuya entrada se miran
Gigantes de arrayán hechos
Con actitudes distintas!
Las adelfas y naranjos
Forman calles extendidas,
Y un oscuro laberinto
Que a los hurtos de amor brinda.
Hay en tierra surtidores
Escondidos; se inprovisan,
Saltando entre los mosaicos
De pintadas piedrecillas.
Y a los forasteros mojan,
Con algazara y con risa
De los que, ya escarmentados,
El chasco pesado evitan.
702
Duque de Rivas
Álvaro De Luna Romance Primero La Venta
En la ruta de Portillo
Y en las márgenes del Duero,
Hubo (aun escombros lo dicen)
Una venta en otro tiempo.
A su puerta una mañana
Estaba sentado un lego
De San Francisco, tres mulas
De los ronzales teniendo.
De la venta en la cocina
Se hallaban dos reverendos,
De una sartén apurando
Magras con tomate y huevos.
De maestresala servía,
Sin caperuza, el ventero,
Que solícito llenaba
Las tazas del vino añejo.
Era el uno el padre Espina,
Predicador del convento
Del Abrojo; el otro un fraile
Anciano, de ciencia y peso.
Y en las márgenes del Duero,
Hubo (aun escombros lo dicen)
Una venta en otro tiempo.
A su puerta una mañana
Estaba sentado un lego
De San Francisco, tres mulas
De los ronzales teniendo.
De la venta en la cocina
Se hallaban dos reverendos,
De una sartén apurando
Magras con tomate y huevos.
De maestresala servía,
Sin caperuza, el ventero,
Que solícito llenaba
Las tazas del vino añejo.
Era el uno el padre Espina,
Predicador del convento
Del Abrojo; el otro un fraile
Anciano, de ciencia y peso.
931
Duque de Rivas
El Conde De Villamediana Romance Cuarto Final
En aquella galería,
Adornada de arabescos
Y follajes primorosos,
Con oro y esmaltes hechos,
Y cuya baranda rica
Daba hacia el jardín pequeño,
En que el caballo de bronce
Estuvo por largo tiempo,
Sin más luz que la, que esparce
La luna en mitad del cielo,
Esperando a alguien la Reina
Está turbada, y con miedo.
Del concurso de la danza
Y de la orquesta el estruendo ¡
Que los salones ocupa,
Oye resonar de lejos;
Y aunque sabe que notada
Ha de ser su ausencia presto,
Por dar al Conde un aviso
Atropella todo riesgo.
Siglos los instantes juzga
Con mortal desasosiego,
Y en el barandal dorado
Palpitante apoya el pecho.
Mira, al ecuestre coloso,
Inmóvil, obscuro, enhiesto,
Entre laureles y murtas,
Y tiembla ¡ infelice! al verlo.
Alza a la pálida luna
Los ojos de llanto llenos,
Y se extravía su mente,
Por precipicios horrendos.
Sin rumor y de puntillas,
Como fantasma o espectro,
En el corredor entróse
La parte obscura siguiendo,
Un hombre embozado: llega
Por detrás en gran silencio
A la Reina, que, de espaldas
Estando, no pudo verlo,
Y le tapa el noble rostro
Con dos manos como hielo;
pero delicadas manos
Que agita un temblor ligero.
Quién pudiera aproximarse
A dama de tal respeto,
Sino el amante dichoso
Con tan inocente juego?
Así lo pensó ella misma,
Pues aunque al primer momento
De sorpresa, lanzó un grito,
Pronto sobre sí volviendo:
«Déjame Conde prorrumpe
Con dulces lánguidos ecos;
No es esta ocasión de burlas,
Pues es de infortunios tiempo.
Déjame y escucha, Conde».
Libre la dejan en esto
Las manos que la cegaban,
Y se encuentra sola ¡cielos!
Con su marido, que arroja
Por los ojos rabia y fuego.
Queda la infeliz difunta;
Mas tienen el privilegio
Las hembras del disimulo,
Y en los críticos encuentros
Mucha mayor agudeza
Que el hombre de más ingenio.
Al oír que el Rey pregunta
Con voz como voz de infierno,
«Yo Conde?... ¿Yo?» En sí tornando
La Reina, responde presto:
«Sí, señor, de Barcelona...
Y se complace mi pecho
Con tal título, afirmado
Con vuestro poder y esfuerzo,
Después que habéis reprimido
La rebelión de aquel pueblo».
Quedó pasmado el Monarca.
«Discreta sois por extremo
Repuso, y tras pausa leve,
Mas qué infortunio tenemos?
«Ya alentada la señora,
Pues siempre el paso primero
Es el trabajoso, dijo:
«No faltan, señor, por cierto;
Dígalo Flandes perdida,
Y de Nápoles los reinos,
«Donde un ambicioso intenta
Arrebatarnos el cetro;
Milán, donde la peste
Está tanto estrago haciendo,
«Y Portugal vacilante,
Do traidores encubiertos...»
Aquí atajóla Filipo
Con voz de lejano trueno.
«Basta, pues, basta, señora;
Sois francesa, bien lo veo;
Tenéis interés muy grande
En mi honor y en el del reino.
«Veréis que uno y otro al punto
Para aquietaros sostengo,
Y que lavaré con sangre
La mancha que advierta en ellos».
Calló, y una atroz mirada
Con el rostro descompuesto,
Que pareció más terrible
De la luna a los reflejos,
Clavó en la Reina; mirada
Que destrozó aguda el seno
De la infeliz, pues, temblando,
Cayó sin sentido al suelo.
Adornada de arabescos
Y follajes primorosos,
Con oro y esmaltes hechos,
Y cuya baranda rica
Daba hacia el jardín pequeño,
En que el caballo de bronce
Estuvo por largo tiempo,
Sin más luz que la, que esparce
La luna en mitad del cielo,
Esperando a alguien la Reina
Está turbada, y con miedo.
Del concurso de la danza
Y de la orquesta el estruendo ¡
Que los salones ocupa,
Oye resonar de lejos;
Y aunque sabe que notada
Ha de ser su ausencia presto,
Por dar al Conde un aviso
Atropella todo riesgo.
Siglos los instantes juzga
Con mortal desasosiego,
Y en el barandal dorado
Palpitante apoya el pecho.
Mira, al ecuestre coloso,
Inmóvil, obscuro, enhiesto,
Entre laureles y murtas,
Y tiembla ¡ infelice! al verlo.
Alza a la pálida luna
Los ojos de llanto llenos,
Y se extravía su mente,
Por precipicios horrendos.
Sin rumor y de puntillas,
Como fantasma o espectro,
En el corredor entróse
La parte obscura siguiendo,
Un hombre embozado: llega
Por detrás en gran silencio
A la Reina, que, de espaldas
Estando, no pudo verlo,
Y le tapa el noble rostro
Con dos manos como hielo;
pero delicadas manos
Que agita un temblor ligero.
Quién pudiera aproximarse
A dama de tal respeto,
Sino el amante dichoso
Con tan inocente juego?
Así lo pensó ella misma,
Pues aunque al primer momento
De sorpresa, lanzó un grito,
Pronto sobre sí volviendo:
«Déjame Conde prorrumpe
Con dulces lánguidos ecos;
No es esta ocasión de burlas,
Pues es de infortunios tiempo.
Déjame y escucha, Conde».
Libre la dejan en esto
Las manos que la cegaban,
Y se encuentra sola ¡cielos!
Con su marido, que arroja
Por los ojos rabia y fuego.
Queda la infeliz difunta;
Mas tienen el privilegio
Las hembras del disimulo,
Y en los críticos encuentros
Mucha mayor agudeza
Que el hombre de más ingenio.
Al oír que el Rey pregunta
Con voz como voz de infierno,
«Yo Conde?... ¿Yo?» En sí tornando
La Reina, responde presto:
«Sí, señor, de Barcelona...
Y se complace mi pecho
Con tal título, afirmado
Con vuestro poder y esfuerzo,
Después que habéis reprimido
La rebelión de aquel pueblo».
Quedó pasmado el Monarca.
«Discreta sois por extremo
Repuso, y tras pausa leve,
Mas qué infortunio tenemos?
«Ya alentada la señora,
Pues siempre el paso primero
Es el trabajoso, dijo:
«No faltan, señor, por cierto;
Dígalo Flandes perdida,
Y de Nápoles los reinos,
«Donde un ambicioso intenta
Arrebatarnos el cetro;
Milán, donde la peste
Está tanto estrago haciendo,
«Y Portugal vacilante,
Do traidores encubiertos...»
Aquí atajóla Filipo
Con voz de lejano trueno.
«Basta, pues, basta, señora;
Sois francesa, bien lo veo;
Tenéis interés muy grande
En mi honor y en el del reino.
«Veréis que uno y otro al punto
Para aquietaros sostengo,
Y que lavaré con sangre
La mancha que advierta en ellos».
Calló, y una atroz mirada
Con el rostro descompuesto,
Que pareció más terrible
De la luna a los reflejos,
Clavó en la Reina; mirada
Que destrozó aguda el seno
De la infeliz, pues, temblando,
Cayó sin sentido al suelo.
653
Duque de Rivas
La Vuelta Deseada Romance Segundo
Todo el mundo es mudable,
Ni el bien ni el mal son eternos:
La apacible primavera
Sigue al riguroso invierno.
A la obscura noche el día,
Y a la borrasca, que al cielo
Empañó con densas nubes
Y asustó con rudos truenos,
La calma serena y pura.
Así suelen a los tiempos
De desventuras y llantos,
Seguir de paz y consuelo.
Del Rhin en la orilla helada,
Abrumado de sí mesmo,
Vargas proscripto gemía,
Su fortuna maldiciendo,
Cuando noticias recibe
De que la patria le ha abierto
Lar, puertas... Júzgalo absorto
Ilusión de su deseo;
Mas Jacinta se lo escribe,
Y cuanto ella dice, es cierto.
Otra carta …de la madre
De Jacinta … que al momento,
Vuele a Sevilla, le ruega,
En donde dará Himeneo,
El día de su llegada,
A tan constante amor premio.
Ni el bien ni el mal son eternos:
La apacible primavera
Sigue al riguroso invierno.
A la obscura noche el día,
Y a la borrasca, que al cielo
Empañó con densas nubes
Y asustó con rudos truenos,
La calma serena y pura.
Así suelen a los tiempos
De desventuras y llantos,
Seguir de paz y consuelo.
Del Rhin en la orilla helada,
Abrumado de sí mesmo,
Vargas proscripto gemía,
Su fortuna maldiciendo,
Cuando noticias recibe
De que la patria le ha abierto
Lar, puertas... Júzgalo absorto
Ilusión de su deseo;
Mas Jacinta se lo escribe,
Y cuanto ella dice, es cierto.
Otra carta …de la madre
De Jacinta … que al momento,
Vuele a Sevilla, le ruega,
En donde dará Himeneo,
El día de su llegada,
A tan constante amor premio.
702
Dina Posada
Orgasmo I
Nerviosa la hora parpadea
ante el tiempo que se ahorca
me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo
mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro
ante el tiempo que se ahorca
me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo
mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro
783
Dina Posada
Beso Iii
Caótico preludio
quemando voces
opacando voluntades
a la vez que dos lenguas en pacto
remueven hondo combate
quemando voces
opacando voluntades
a la vez que dos lenguas en pacto
remueven hondo combate
612
Dina Posada
Conquistador
Cuando me tiene vista
como presa segura
avanza tu falo
descubriendo sus virtudes
trae en su médula
néctar de un principio
y palpitar de un fin
Tímido meñique adormecido
al rozarme
gallardo índice certero
Voz erguida articulando callada conquista
Devoto a la vigilia
arrastra
por los pliegues de mi sombra
rumor de un anhelo
Ávido ofidio
buscando en mi selva
la dulce fruta jugosa
raíz de su ardor
Llave que se acopla
a mi cerradura
se a
b
i
s
m
a en mi secreto
y me inunda y dobla mi frente
con su cálido soplo desgajante
como presa segura
avanza tu falo
descubriendo sus virtudes
trae en su médula
néctar de un principio
y palpitar de un fin
Tímido meñique adormecido
al rozarme
gallardo índice certero
Voz erguida articulando callada conquista
Devoto a la vigilia
arrastra
por los pliegues de mi sombra
rumor de un anhelo
Ávido ofidio
buscando en mi selva
la dulce fruta jugosa
raíz de su ardor
Llave que se acopla
a mi cerradura
se a
b
i
s
m
a en mi secreto
y me inunda y dobla mi frente
con su cálido soplo desgajante
585
Dulce María Loynaz
Quiere El Amor Feliz --el Que Se Posa
Quiere el Amor Feliz el que se posa
poco... arrancar un verso al alma oscura:
¿Cuándo la miel necesitó dulzura?
¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?
Quédese en hojarasca temblorosa
lo que no pudo ser fruta madura:
No se rima la dicha; se asegura
desnuda de palabras, se reposa...
Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío
la luz?... Si es luz... ¿la luz por qué lo extraña?
¡Quien besar puede, bese y deje frío
símbolo, el beso escrito!... ¡En la maraña
del mapa no está el agua azul del río,
ni se apoya en su nombre la montaña!...
poco... arrancar un verso al alma oscura:
¿Cuándo la miel necesitó dulzura?
¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?
Quédese en hojarasca temblorosa
lo que no pudo ser fruta madura:
No se rima la dicha; se asegura
desnuda de palabras, se reposa...
Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío
la luz?... Si es luz... ¿la luz por qué lo extraña?
¡Quien besar puede, bese y deje frío
símbolo, el beso escrito!... ¡En la maraña
del mapa no está el agua azul del río,
ni se apoya en su nombre la montaña!...
1.156
Dulce María Loynaz
Lección Primera Tegernaria Doméstica (araña Común)
La Araña gris de tiempo y de distancia
tiende su red al mar quieto del aire,
pescadora de moscas y tristezas
cotidianas...
Sabe que el amor tiene
un solo precio que se paga
pronto o tarde: la Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata...
tiende su red al mar quieto del aire,
pescadora de moscas y tristezas
cotidianas...
Sabe que el amor tiene
un solo precio que se paga
pronto o tarde: la Muerte.
Y Amor y Muerte con sus hilos ata...
835