Queirós Ribeiro
1864–1928
· vivió 64 años
PT
n. 1864, São Paulo de Luanda · m. 1928, Rio de Janeiro
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Biografía
Siendo casual su nacimiento en Beira, Queirós Ribeiro es un poeta limiano por sus antepasados, por su infancia y adolescencia, por su matrimonio y sus casas familiares, por su apego afectivo al Alto Miño y por los influjos que los paisajes y los autores de esa región tendrán en su obra. Patricio de Feijó, pertenece a la generación de Coímbra en la que este y otro amigo común, Luís de Magalhães, dominan con su Revista Científica e Literária, pretendidamente de orientación positivista y parnasiana. Mas, si la experiencia de Coímbra tiene reflejos nostálgicos («Última noite») y facciosos («A José Monteiro») en el libro de debut de Queirós Ribeiro —Tardes de Primavera, 1889—, ya en él se explicitaba una poética antiparnasiana y neorromántica, y se revelaba con creces que el maestro de la poesía de Queirós Ribeiro era, además del paradigmático V. Hugo (de quien por entonces se traducían 9 poemas), Guerra Junqueiro, que prologaba la obra con una carta en verso, surgía después como tema de dos poemas de apología y marcaba asimismo varios poemas de «Folhas dispersas», cantando el amor incoercible e irrealizable por la mujer arquetipo («Quimera»), exaltando la religiosidade parapanteísta y la euforia del transformismo («Mater admirabilis», «Eterno poema»), y atacando alegóricamente el jesuitismo («Símbolos»). Tardes de Primavera, cuyo esmero formal fue reconocido por el propio Fialho, quien en Vida Irónica fustiga la evacuación idealizante del canto amoroso, tiene momentos felices como «Contrastes» o «Mudanças»; y anticipaba Cinzas (1896) por la ambición poética de su primera parte, «Ideal perdido», y por ser este macrotexto la evocación de «un primer amor» malogrado en la muerte prematura de la amada. Así pues, casado tras licenciarse en Derecho, Queirós Ribeiro enuda muy pronto y compone justamente Cinzas como «poema lírico» de esa viudez, con la orientación estético-literaria ya trazada en el preludio: «Corazón, eres mi escuela.» Buen orador, figura representativa de su región y de su generación, Queirós Ribeiro triunfa como diputado que, vinculado a Alpoim, surgirá de manera natural en posición destacada durante la disidencia progresista; de esa faceta de su personalidad nos quedaron los Discursos Parlamentares (1908). Por otra parte, amante de los viajes y colaborador asiduo de la prensa, nos deja esas facetas ilustradas por las Cartas de Longe (1911), publicadas originalmente en O Primeiro de Janeiro. Pero la creación poética se reanuda y en 1903 Queirós Ribeiro publica el poemario Pedras Falsas, que el último soneto define como «collar de piedras talladas / por las manos de la Ternura y del Disgusto. / [...] / Pobre hilo de lágrimas cuajadas [...]». Hay en Pedras Falsas un tropismo de autodesprecio, a contraluz de «Ideal perdido» (Tardes de Primavera) y de Cinzas; pero basta la exploración que el libro hace de la imagística de la luz para hacer injustificada esa autovaloración. Solo que ya entonces, y a pesar de la reincidencia que constituirán las Folhas Mortas, de 1916, se anunciaba el poema dramático Caminho do Céu y el importante giro que a partir de él sufrirá el estro de Queirós Ribeiro. Poema desigual, en 6 cantos, titulados simbólicamente «A Névoa», «A Chama», «As Nuvens», «O Luar», «A Aurora» y «O Sol» en referencia a las figuras mítico-literarias de Laura, Eloísa y Beatriz y a las figuras evangélicas de Magdalena, la Virgen María y Jesucristo, en diálogo con las cuales el «Poeta» realiza una ascesis artística y mística. Del resultado de esta exaltación religiosa dan testimonio los libros de edificación y de apologética católica en los que Queirós Ribeiro se empeñará en adelante: los versículos en los que vierte a lengua vulgar, con una estética celosa de la sencillez del espiritualismo cristiano, la Imitação de Cristo (1925), la monumental paráfrase en redondilla de la narración evangélica de la Vida de Jesus (1927), un anunciado Poema Eucarístico —marginados por las reflexiones de Máximas e Pensamentos—. Entonces, ya después de que la fidelidad a sus convicciones monárquicas lo hubiera llevado al exilio (1919), la poesía de militancia religiosa iba en consonancia con la integración de Queirós Ribeiro en los movimientos públicos de católicos que marcaron el final de la 1.ª República (participando, por ejemplo, en el Congreso Eucarístico de Braga de 1924).
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