Y puedes creerme si te digo que el hombre más intrépido desearía tener alas para huir de su mirada ardiente; y que el infernal Lucifer parecería un ángel, en comparación. Su fruncida nariz, de cuyas amplias ventanas salían abundantes y gruesas cerdas, hacía juego con la torcida boca de espesos labios, amarillos dientes y bigotes de gato. Su estatura supera la de un hombre a caballo en todo el largo de su busto.