Lleno de impaciencia, transformada su ira en verdadera furia, empezó a penetrar por entre la multitud, agitando con rabia las robustas piernas y lanzando a puntapiés por los aires a los hombres, que caían unos sobre otros como espeso granizo; y muchos mataban así, al mismo tiempo que morían. Y este cruel espectáculo duró hasta que el polvo levantado por sus enormes pies, obligó al infernal monstruo a volver atrás, mientras que nosotros continuamos huyendo.