¡Oh!, ¡cuántos ataques fueron vanamente intentados contra esta endiablada bestia, que se reía de nuestros asaltos! ¡Oh!, ¡mísera gente, de nada os valen las fortalezas inexpugnables, ni las altas murallas de las ciudades, ni el reunirnos en multitudes; de nada las casas o palacios! Sólo os queda el recurso de esconderos en agujeros o cuevas subterráneas, como los cangrejos o los grillos, o de buscar la salvación en la huida.