Dos personas que se cruzan y cuya vanidad es igual de grande conservan luego una mala impresión recíproca, pues cada una de ellas estaba tan ocupada con la impresión que quería producir en la otra que ésta no le causó ninguna impresión; ambas acaban notando que sus esfuerzos estaba equivocados y se echan mutuamente la culpa de ello.

Vanidades que se cruzan

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