Mamá se tiró encima de la cama, hundió la cabeza en la almohada y lloró como una niña. Después de recuperar la compostura, emprendió inmediatamente un ataque desesperado: «Estás arruinando tu futuro y destruyendo tus oportunidades». «Ninguna familia decente la querría.» «Si se queda embarazada, te habrás metido en un buen lío.» Con este exabrupto, que estuvo precedido de muchos otros, perdí finalmente la paciencia.