Ella nunca se hizo a la idea de la separación y el divorcio, y esta situación se desarrolló en algo parecido al ejemplo clásico de Medea. Esto dificultó las relaciones con mis dos hijos, a los que me unen lazos de ternura. Este aspecto trágico de mi vida siguió invariable hasta mi vejez.

A Carl Seelig, 5 de mayo de 1952, sobre Mileva. Einstein Archives 39-020.

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