Siento la necesidad de agradecerte los hermosos días que he podido pasar con nuestros queridos hijos. Te agradezco que los críes en un marco mental favorable a mí y de una manera ejemplar en cualquier otro aspecto. Estoy especialmente satisfecho de su actitud alegre y modesta; y en segundo lugar, por supuesto, de su viva inteligencia.

A Mileva, 28 de agosto de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 218.

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