Al fin y al cabo, existe algo eterno que se encuentra más allá del alcance de la mano del destino y de todos los delirios humanos. Y dichas cosas eternas están más cerca de una persona anciana que de una más joven, que oscila entre el temor y la esperanza.

A la reina Isabel de Bélgica, 20 de marzo de 1936. Einstein Archives 32-387.

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