Nuestra muerte no es el fin si seguimos viviendo en nuestros hijos y en la generación más joven. Porque ellos son nosotros; nuestro cuerpo sólo es una hoja marchita en el árbol de la vida.

A la viuda del físico holandés Heike Kamerlingh Onnes, 25 de febrero de 1926. Einstein Archives 14-389.

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