Su sensación de ineptitud, objetivamente injustificable, lo persiguió sin descanso, robándole con frecuencia la paz mental necesaria para la investigación tranquila. […] Su tragedia radicaba precisamente en una falta casi mórbida de autoconfianza. […] Las relaciones más fuertes de su vida se establecieron con su esposa y sus colaboradores, […] sus iguales intelectuales. […] Él la recompensó con una veneración y un amor que no he visto muchas veces a lo largo de mi vida.