Su sensación de ineptitud, objetivamente injustificable, lo persiguió sin descanso, robándole con frecuencia la paz mental necesaria para la investigación tranquila. […] Su tragedia radicaba precisamente en una falta casi mórbida de autoconfianza. […] Las relaciones más fuertes de su vida se establecieron con su esposa y sus colaboradores, […] sus iguales intelectuales. […] Él la recompensó con una veneración y un amor que no he visto muchas veces a lo largo de mi vida.

De «Paul Ehrenfest in Memoriam», redactado después del suicidio del físico y amigo íntimo, 1934. Ehrenfest había disparado contra su hijo de dieciséis años, Vassik, que padecía el síndrome de Down, en la sala de espera del instituto en el que lo trataban. Después se disparó. Publicado en Out of My Later Years , pp. 214-217. Einstein Archives 5-136.

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