No era sólo el mejor profesor en nuestra profesión que he conocido nunca; también se preocupaba apasionadamente por el desarrollo y el destino de las personas, en especial de sus estudiantes. Para comprender a los demás, para ganarse su amistad y confianza, para ayudar a cualquiera inmerso en una lucha exterior o interior, para animar al talento joven… todo esto constituía su verdadero elemento, casi más que la inmersión en los problemas científicos.