Labró su vida como una obra de arte preciosa hasta el más mínimo detalle. Su amabilidad y generosidad, que no fallaban nunca, y su sentido de la justicia, junto con la comprensión segura e intuitiva de las personas y de los asuntos humanos, lo convertían en un líder en cualquier esfera que penetrara.

Del panegírico ante la tumba de Lorentz, 1928. Publicado en Ideas and Opinions , p. 73. Einstein Archives 16-126.

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