Conozco a personas en Alemania cuya vida privada está guiada por un altruismo prácticamente ilimitado, pero que está esperando con la mayor impaciencia la declaración de la guerra submarina ilimitada. […] Es necesario demostrar a esta gente que se debe tener consideración a los no alemanes como valiosos iguales, que resulta esencial ganarse la confianza de los demás países para ser capaces de existir, que las metas que se coloca uno mismo no se pueden alcanzar mediante la fuerza y la traición.