La lectura, después de cierta edad, distrae demasiado la mente de sus metas creativas. Cualquier hombre que lea demasiado y utilice demasiado poco el cerebro cae en hábitos perezosos de pensar, como el hombre que pasa demasiado tiempo en el teatro se siente tentado a conformarse con vivir de prestado en lugar de vivir su propia vida.