Las convicciones y los objetivos comunes, y los intereses similares, producirán en todas las sociedades grupos que, en cierto sentido, actúen como unidades. Siempre existirán fricciones entre estos grupos: el mismo tipo de aversión y rivalidad que existe entre los individuos. […] En mi opinión, la uniformidad de una población no es deseable, aunque fuera alcanzable.