[Espero] que no quiera decir que la enseñanza y la investigación de nuestros futuros profesores en Jerusalén tengan que someterse a las leyes o concepciones ortodoxas judías. […] Semejante restricción de la libertad de hablar o pensar sería intolerable (excepto, quizá, en un instituto o departamento estrictamente teológico) y destruiría su propio objetivo: fomentar una síntesis libre y creativa de fe y razón.