También creo que en estos últimos años ya no era posible un acuerdo entre nosotros y los árabes que pudiera conducir a una solución de dos estados. En el pasado –esencialmente desde 1918– hemos ignorado a los árabes y los hemos confiado repetidas veces a los ingleses. Nunca he defendido la idea de que sea deseable un estado [judío], por razones cívicas, políticas y militares. Pero ahora no hay vuelta atrás y hay que gestionar [la situación].