Existen dos maneras de resistirse a la guerra: la vía legal y la vía revolucionaria. La vía legal implica el ofrecimiento de servicios alternativos, no como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos. La senda revolucionaria implica una resistencia a ultranza, con el objetivo de romper el poder del militarismo en tiempos de paz o de los recursos del estado en tiempos de guerra.