Sostengo con firmeza el principio de que la solución real al problema del pacifismo sólo se puede lograr con la organización de una corte de arbitraje supranacional que, a diferencia de la actual Sociedad de Naciones en Ginebra, tendrá a su disposición los medios para aplicar sus decisiones. En resumen, una corte de justicia internacional con un brazo militar permanente… o mejor, una fuerza policial.