Siempre he sido pacifista, es decir, me he negado a reconocer la fuerza bruta como un medio para la solución de los conflictos internacionales. Aun así, en mi opinión, no resulta razonable aferrarse a ese principio de una manera incondicional. Es necesario establecer una excepción si una potencia hostil amenaza con la destrucción completa del grupo al que se pertenece.