Las raíces psicológicas de la guerra están, en mi opinión, enraizadas biológicamente en la naturaleza agresiva de la criatura masculina. […] Algunos animales –el toro y el gallo– nos superan en este aspecto.
De «My Opinion on the War», para el Goethebund de Berlín, octubre-noviembre de 1915. CPAE , vol. 6, doc. 20. Einstein repitió esta opinión treinta y un años después en una entrevista con el antropólogo Ashley Montagu, en junio de 1946, afirmando que la desnudez de un niño y el azote de un padre –«violencia doméstica»– son actos instintivos e innatamente reactivos, y un ejemplo microcósmico de la violencia y las agresiones internacionales. Einstein estaba básicamente de acuerdo con las conclusiones de Sigmund Freud, pero Montagu no persuadió a Einstein de que la doctrina de la depravación innata del hombre no era correcta. Véase el artículo de Montagu «Conversations with Einstein», en Science Digest , julio de 1985. Einstein Archives 29-002.