Admito que el país que decida no defenderse asume un gran riesgo. No obstante, este riesgo debe ser aceptado por la sociedad en su conjunto y se corre en interés del progreso humano. El verdadero progreso nunca ha sido posible sin sacrificios. […] Mientras las naciones sigan preparándose sistemáticamente para la guerra, el miedo, la desconfianza y las ambiciones egoístas conducirán de nuevo a la guerra.