La fuerza del sistema comunista en el este es tal que adquiere algunas características de una religión e inspira las emociones de una religión. A menos que la fuerza de la paz, fundamentada en la ley, reúna a su espalda la fuerza y el celo de la religión, será difícil albergar cualquier esperanza de que tenga éxito. […] Se le debe añadir el profundo poder de la emoción, que es un ingrediente básico de la religión.