Por supuesto, no soy un político en el sentido convencional de la palabra; pocos académicos lo son. Al mismo tiempo, creo que nadie debe eludir la tarea política […] de restaurar la unidad entre las naciones que ha quedado destruida completamente por la guerra mundial, y ocuparse de que sea posible una comprensión entre las naciones mejor y más genuina para que sea imposible que se repita la terrible catástrofe que hemos vivido.