Un ser humano forma parte del conjunto que llamamos «universo», una parte limitada en tiempo y espacio. Se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sus sentimientos como algo separado del resto: una especie de ilusión óptica de su conciencia. La lucha para liberarse de esta ilusión es el objetivo de la verdadera religión. No se trata de alimentarla, sino de superarla para alcanzar una medida razonable de paz mental.