Creo con Schopenhauer que uno de los motivos más fuertes que conducen al hombre al arte y a la ciencia es la huida de la vida cotidiana, con su rudeza dolorosa y su desesperada monotonía, de los brazos de los propios deseos siempre cambiantes. […] Una naturaleza bien equilibrada ansía huir de la vida personal para adentrarse en el mundo de la percepción y los pensamientos objetivos.