La teoría cuántica me provoca una sensación muy parecida a la tuya. Realmente deberíamos avergonzarnos de su éxito, porque se ha obtenido con la máxima jesuítica: «No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha».
La teoría cuántica me provoca una sensación muy parecida a la tuya. Realmente deberíamos avergonzarnos de su éxito, porque se ha obtenido con la máxima jesuítica: «No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha».