La verdadera esencia de nuestra búsqueda del conocimiento es que, por un lado, intenta englobar la enorme y compleja variedad de la experiencia del hombre y, por el otro lado, busca la sencillez y la economía en los supuestos básicos. La creencia de que estos dos objetivos puedan ir de la mano es, en vistas del estado primitivo de nuestro conocimiento científico, una cuestión de fe. Sin dicha fe, no podría tener la convicción fuerte e inquebrantable sobre el valor independiente del conocimiento.