La manera causal de mirar las cosas siempre responde a la pregunta «¿Por qué?», pero nunca «¿Para qué?». […] No obstante, si alguien pregunta «¿Para qué debemos ayudarnos entre nosotros, facilitarnos la vida, tocar juntos una música maravillosa, tener pensamientos inspiradores?», habría que decirle: «Si no sientes las razones, entonces nadie puede explicártelas». Sin esta sensación primaria no somos nada y lo mejor es que no vivamos en absoluto.