Cuando pienso en los estudiantes más capaces que me he encontrado durante mi docencia –me refiero a los que se han distinguido no sólo por su capacidad sino por su independencia de pensamiento–, debo confesar que todos ellos tenían un gran interés en la epistemología. Nadie puede negar que los epistemólogos han pavimentado el camino del progreso [hacia la teoría de la relatividad]; Hume y Mach, al menos, me han ayudado considerablemente, tanto directa como indirectamente.