No es la ausencia de un afecto real lo que me aleja una y otra vez del matrimonio. Es el miedo a una vida cómoda, a los buenos muebles, al deshonor con el que pueda cargarme o incluso el miedo a convertirme en un burgués satisfecho.

A Elsa Löwenthal, después del 3 de agosto de 1914. CPAE , vol. 8, doc. 32.

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