Nunca he otorgado a la naturaleza un propósito o una meta, o algo que se pudiera considerar antropomórfico. Lo que veo en la naturaleza es una estructura magnífica que sólo podemos comprender de una manera muy imperfecta, y que debe llenar a una persona racional de un sentimiento de humildad. Ese es un sentimiento genuinamente religioso que no tiene nada que ver con el misticismo.