Los hombres son unas criaturas deplorables y dependientes. Pero, comparado con esas mujeres, cada uno de nosotros es un rey, porque más o menos se mantiene en pie por sí mismo, sin esperar constantemente la ayuda de alguien externo para no caer. Sin embargo, ellas siempre esperan que llegue alguien que las utilizará como crea conveniente. Si eso no ocurre, simplemente se caen a pedazos.