No estoy a favor de ningún tipo de castigo, excepto como medida para salvaguardar la sociedad y protegerla. En principio, no me opondría a matar a los individuos que sean despreciables o peligrosos en ese sentido. Estoy en contra de ello porque no confío en la gente, es decir, en los tribunales. Lo que valoro en la vida es más la calidad que la cantidad.