Si empezase a preocuparme por mi apariencia, dejaría de ser yo. […] Así que al infierno con ello. Si me encuentras repulsivo, entonces búscate un novio que sea más atractivo para los gustos femeninos. Pero seguiré sin preocuparme por ello, lo que seguramente tiene la ventaja de que me dejan en paz muchos petimetres que en caso contrario vendrían a verme.

A su futura segunda esposa, Elsa Löwenthal, ca. 2 de diciembre de 1913. CPAE , vol. 5, doc. 489.

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