Yo, al menos, siento no vivir en la época en que uno lloraba sobre las páginas de una novela, se estremecía uno de espanto en el melodrama y se reía bárbaramente en el sainete.
Yo, al menos, siento no vivir en la época en que uno lloraba sobre las páginas de una novela, se estremecía uno de espanto en el melodrama y se reía bárbaramente en el sainete.