Poemas neste tema
Humanidade e Solidariedade
Guillaume Apollinaire
LAÇOS
Cordas feitas de gritos
Sons de sinos através da Europa
Séculos enforcados
Carris que amarrais nações
Não somos mais que dois ou três homens
Livres de todas as peias
Vamos dar-nos as mãos
Violenta chuva que penteia os fumos
Cordas
Cordas tecidas
Cabos submarinos
Torres de Babel transformadas em pontes
Aranhas-Pontífices
Todos os apaixonados que um só laço enlaçou
Outros laços mais firmes
Brancas estrias de luz
Cordas e Concórdia
Escrevo apenas para vos celebrar
Ó sentido ó sentidos caros
Inimigos do recordar
Inimigos do desejar
Inimigos da saudade
Inimigos das lágrimas
Inimigos de tudo o que eu amo ainda
Sons de sinos através da Europa
Séculos enforcados
Carris que amarrais nações
Não somos mais que dois ou três homens
Livres de todas as peias
Vamos dar-nos as mãos
Violenta chuva que penteia os fumos
Cordas
Cordas tecidas
Cabos submarinos
Torres de Babel transformadas em pontes
Aranhas-Pontífices
Todos os apaixonados que um só laço enlaçou
Outros laços mais firmes
Brancas estrias de luz
Cordas e Concórdia
Escrevo apenas para vos celebrar
Ó sentido ó sentidos caros
Inimigos do recordar
Inimigos do desejar
Inimigos da saudade
Inimigos das lágrimas
Inimigos de tudo o que eu amo ainda
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4
Thiago de Mello
Lição de Escuridão
Caboclo companheiro meu de várzea,
contigo cada dia um pouco aprendo
as ciências desta selva que nos une.
Contigo, que me ensinas o caminho dos ventos,
me levas a ler, nas lonjuras do céu,
os recados escritos pelas nuvens,
me avisas do perigo dos remansos
e quando devo desviar de viés a proa da canoa
para varar as ondas de perfil.
Sabes o nome e o segredo de todas as árvores,
a paragem calada que os peixes preferem
quando as águas começam a crescer.
Pelo canto, a cor do bico, o jeito de voar.
identificas todos os pássaros da selva.
Sozinho (eu mais Deus, tu me explicas).
atravessas a noite no centro da mata.
corajoso e paciente na tocaia da caça.
a traição dos felinos não te vence.
Contigo aprendo as leis da escuridão,
quando me apontas na distância da margem,
viajando na noite sem estrelas,
a boca (ainda não consigo ver) do Lago Grande
de onde me fui pequenino e te deixei.
De novo no chão da infância,
contigo aprendo também
que ainda não tens olhos para ver
as raízes de tua vida escura,
não sabes quais são os dentes que te devoram
nem os cipós que te amarram à servidão.
Nos teus olhos opacos
aprendo o que nos distingue.
Já repartes comigo a ciência e a paciência.
Quero contigo repartir a esperança,
estrela vigilante em minha fronte
e em teu olhar apenas um tição
encharcado de engano e cativeiro.
Barreirinha, 1981
Publicado no livro Mormaço na Floresta (1981).
In: MELLO, Thiago de. Vento geral, 1951/1981: doze livros de poemas. 2.ed. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 198
contigo cada dia um pouco aprendo
as ciências desta selva que nos une.
Contigo, que me ensinas o caminho dos ventos,
me levas a ler, nas lonjuras do céu,
os recados escritos pelas nuvens,
me avisas do perigo dos remansos
e quando devo desviar de viés a proa da canoa
para varar as ondas de perfil.
Sabes o nome e o segredo de todas as árvores,
a paragem calada que os peixes preferem
quando as águas começam a crescer.
Pelo canto, a cor do bico, o jeito de voar.
identificas todos os pássaros da selva.
Sozinho (eu mais Deus, tu me explicas).
atravessas a noite no centro da mata.
corajoso e paciente na tocaia da caça.
a traição dos felinos não te vence.
Contigo aprendo as leis da escuridão,
quando me apontas na distância da margem,
viajando na noite sem estrelas,
a boca (ainda não consigo ver) do Lago Grande
de onde me fui pequenino e te deixei.
De novo no chão da infância,
contigo aprendo também
que ainda não tens olhos para ver
as raízes de tua vida escura,
não sabes quais são os dentes que te devoram
nem os cipós que te amarram à servidão.
Nos teus olhos opacos
aprendo o que nos distingue.
Já repartes comigo a ciência e a paciência.
Quero contigo repartir a esperança,
estrela vigilante em minha fronte
e em teu olhar apenas um tição
encharcado de engano e cativeiro.
Barreirinha, 1981
Publicado no livro Mormaço na Floresta (1981).
In: MELLO, Thiago de. Vento geral, 1951/1981: doze livros de poemas. 2.ed. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 198
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4
Alexandre O'Neill
De ombro na ombreira
De ombro na ombreira vejo
no outro lado outro
ombro na ombreira
Entre ombros nas ombreiras
nenhum assombro:
ombros ombro a ombro
param ombro a ombreira
Quando tudo escombro
ainda todos seremos
ombro na ombreira.
no outro lado outro
ombro na ombreira
Entre ombros nas ombreiras
nenhum assombro:
ombros ombro a ombro
param ombro a ombreira
Quando tudo escombro
ainda todos seremos
ombro na ombreira.
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4
Federico García Lorca
Grito Hacia Roma
(Desde La Torre Del Crysler Building)
Manzanas levemente
heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.
Porque ya
no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
Los maestros
enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
Pero el viejo
de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Mientras tanto,
mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.
Manzanas levemente
heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.
Porque ya
no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
Los maestros
enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
Pero el viejo
de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Mientras tanto,
mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.
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4
Alexandre O'Neill
Inventário
Um dente douro
a rir dos panfletos
Um marido afinal ignorante
Dois corvos mesmo muito pretos
Um polícia que diz que garante
A costureira muito desgraçada
Uma máquina infernal de fazer fumo
Um professor que não sabe quase nada
Um colossalmente bom aluno
Um revolver
já desiludido
Uma criança doida de alegria
Um imenso tempo perdido
Um adepto da simetria
Um conde que
cora ao ser condecorado
Um homem que ri de tristeza
Um amante perdido encontrado
Um gafanhoto chamado surpresa
O desertor
cantando no coreto
Um malandrão que vem pe-ante-pé
Um senhor vestidíssimo de preto
Um organista que perde a fé
Um sujeito
enganando os amorosos
Um cachimbo cantando a marselhesa
Dois detidos de fato perigosos
Um instantinho de beleza
Um octogenário
divertido
Um menino colecionando estampas
Um congressista que diz Eu não prossigo
Uma velha que morre a páginas tantas
in:No
Reino Da Dinamarca(1958)
a rir dos panfletos
Um marido afinal ignorante
Dois corvos mesmo muito pretos
Um polícia que diz que garante
A costureira muito desgraçada
Uma máquina infernal de fazer fumo
Um professor que não sabe quase nada
Um colossalmente bom aluno
Um revolver
já desiludido
Uma criança doida de alegria
Um imenso tempo perdido
Um adepto da simetria
Um conde que
cora ao ser condecorado
Um homem que ri de tristeza
Um amante perdido encontrado
Um gafanhoto chamado surpresa
O desertor
cantando no coreto
Um malandrão que vem pe-ante-pé
Um senhor vestidíssimo de preto
Um organista que perde a fé
Um sujeito
enganando os amorosos
Um cachimbo cantando a marselhesa
Dois detidos de fato perigosos
Um instantinho de beleza
Um octogenário
divertido
Um menino colecionando estampas
Um congressista que diz Eu não prossigo
Uma velha que morre a páginas tantas
in:No
Reino Da Dinamarca(1958)
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4
José Gomes Ferreira
Homens do futuro
Homens do futuro:
ouvi, ouvi este poeta ignorado
que cá de longe fechado numa gaveta
no suor do século vinte
rodeado de chamas e de trovões,
vai atirar para o mundo
versos duros e sonâmbulos como eu.
Versos afiados como dentes duma serra em mãos de injúria.
Versos agrestes como azorragues de nojo.
Versos rudes como machados de decepar.
Versos de lâmina contra a Paisagem do mundo
— essa prostituta que parece andar às ordens dos ricos
para adormecer os poetas.
Fora, fora do planeta,
tu, mulher lânguida
de braços verdes
e cantos de pássaros no coração!
Fora, fora as árvores inúteis
— ninfas paradas
para o cio dos faunos
escondidos no vento...
Fora, fora o céu
com nuvens onde não há chuva
mas cores para quadros de exposição!
Fora, fora os poentes
com sangue sem cadáveres
a iludiremos de campos de batalha suspensos!
Fora, fora as rosas vermelhas,
flâmulas de revolta para enterros na primavera
dos revolucionários mortos na cama!
Fora, fora as fontes
com água envenenada da solidão
para adormecer o desespero dos homens!
Fora, fora as heras nos muros
a vestirem de luz verde as sombras dos nossos mortos sempre
de pé!
Fora, fora os rios
a esquecerem-nos as lágrimas dos pobres!
Fora, fora as papoilas,
tão contentes de parecerem o rosto de sangue heróico dum
fantasma ferido!
Fora, fora tudo o que amoleça de afrodites
a teima das nossas garras
curvas de futuro!
Fora! Fora! Fora! Fora!
Deixem-nos o planeta descarnado e áspero
para vermos bem os esqueletos de tudo, até das nuvens.
Deixem-nos um planeta sem vales rumorosos de ecos úmidos
nem mulheres de flores nas planícies estendidas.
Uma planeta feito de lágrimas e montes de sucata
com morcegos a trazerem nas asas a penumbra das tocas.
E estrelas que rompem do ferro fundente dos fornos!
E cavalos negros nas nuvens de fumo das fábricas!
E flores de punhos cerrados das multidões em alma!
E barracões, e vielas, e vícios, e escravos
a suarem um simulacro de vida
entre bolor, fome, mãos de súplica e cadáveres,
montes de cadáveres, milhões de cadáveres, silêncios de cadáveres
e pedras!
Deixem-nos um planeta sem árvores de estrelas
a nós os poetas que estrangulamos os pássaros
para ouvirmos mais alto o silêncio dos homens
— terríveis, à espera, na sombra do chão
sujo da nossa morte.
ouvi, ouvi este poeta ignorado
que cá de longe fechado numa gaveta
no suor do século vinte
rodeado de chamas e de trovões,
vai atirar para o mundo
versos duros e sonâmbulos como eu.
Versos afiados como dentes duma serra em mãos de injúria.
Versos agrestes como azorragues de nojo.
Versos rudes como machados de decepar.
Versos de lâmina contra a Paisagem do mundo
— essa prostituta que parece andar às ordens dos ricos
para adormecer os poetas.
Fora, fora do planeta,
tu, mulher lânguida
de braços verdes
e cantos de pássaros no coração!
Fora, fora as árvores inúteis
— ninfas paradas
para o cio dos faunos
escondidos no vento...
Fora, fora o céu
com nuvens onde não há chuva
mas cores para quadros de exposição!
Fora, fora os poentes
com sangue sem cadáveres
a iludiremos de campos de batalha suspensos!
Fora, fora as rosas vermelhas,
flâmulas de revolta para enterros na primavera
dos revolucionários mortos na cama!
Fora, fora as fontes
com água envenenada da solidão
para adormecer o desespero dos homens!
Fora, fora as heras nos muros
a vestirem de luz verde as sombras dos nossos mortos sempre
de pé!
Fora, fora os rios
a esquecerem-nos as lágrimas dos pobres!
Fora, fora as papoilas,
tão contentes de parecerem o rosto de sangue heróico dum
fantasma ferido!
Fora, fora tudo o que amoleça de afrodites
a teima das nossas garras
curvas de futuro!
Fora! Fora! Fora! Fora!
Deixem-nos o planeta descarnado e áspero
para vermos bem os esqueletos de tudo, até das nuvens.
Deixem-nos um planeta sem vales rumorosos de ecos úmidos
nem mulheres de flores nas planícies estendidas.
Uma planeta feito de lágrimas e montes de sucata
com morcegos a trazerem nas asas a penumbra das tocas.
E estrelas que rompem do ferro fundente dos fornos!
E cavalos negros nas nuvens de fumo das fábricas!
E flores de punhos cerrados das multidões em alma!
E barracões, e vielas, e vícios, e escravos
a suarem um simulacro de vida
entre bolor, fome, mãos de súplica e cadáveres,
montes de cadáveres, milhões de cadáveres, silêncios de cadáveres
e pedras!
Deixem-nos um planeta sem árvores de estrelas
a nós os poetas que estrangulamos os pássaros
para ouvirmos mais alto o silêncio dos homens
— terríveis, à espera, na sombra do chão
sujo da nossa morte.
7 859
4
José Gomes Ferreira
Quem anda nos meus olhos
Quem anda nos meus olhos
A querer salvar o mundo
Com espadas de lágrimas?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha sombra
A arrastar a armadura negra
Do Cavaleiro da Resignação
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha alma
A querer estrangular gigantes
Com mãos de adormecer lírios ?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha ira
A enterrar punhais de solidão
Nos monstros dos Desvios Nevoentos?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda no meu sonho
A ressuscitar filhos mortos nos regaços,
Para morrerem outra vez de fome?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha voz,
A iludir-me de clangores de peleja
Na cidade dos inimigos trocados?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Sim, matar-te
Para nunca mais sentir na cara
o frio de lâmina das tuas lágrimas
E ficar diante da vida,
Terrível e seco
De mãos nuas
- à espera de outras mãos de algum dia,
Suadas da camaradagem do mundo novo.
A querer salvar o mundo
Com espadas de lágrimas?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha sombra
A arrastar a armadura negra
Do Cavaleiro da Resignação
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha alma
A querer estrangular gigantes
Com mãos de adormecer lírios ?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha ira
A enterrar punhais de solidão
Nos monstros dos Desvios Nevoentos?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda no meu sonho
A ressuscitar filhos mortos nos regaços,
Para morrerem outra vez de fome?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Quem anda na minha voz,
A iludir-me de clangores de peleja
Na cidade dos inimigos trocados?
És tu D. Quixote, e vou matar-te.
Sim, matar-te
Para nunca mais sentir na cara
o frio de lâmina das tuas lágrimas
E ficar diante da vida,
Terrível e seco
De mãos nuas
- à espera de outras mãos de algum dia,
Suadas da camaradagem do mundo novo.
7 225
4
Al Berto
Horto
homens cegos procuram a visão do amor
onde os dias ergueram esta parede
intransponível
caminham vergados no zumbido dos ventos
com os braços erguidos - cantam
a linha do horizonte é uma lâmina
corta os cabelos dos meteoros - corta
as faces dos homens que espreitam para o palco
nocturno das invisíveis cidades
escorre uma linfa prateada para o coração dos cegos
e o sono atormenta-os com os seus sonhos vazios
adormecem sempre
antes que a cinza dos olhos arda
e se disperse
no fundo do muito longe ouve-se
um lamento escuro
quando a alba se levanta de novo no horto
dos incêndios
prosseguem caminho
com a voz atada por uma corda de lírios
os cegos
são o corpo de um fogo lento - uma sarça
que se acende subitamente por dentro.
onde os dias ergueram esta parede
intransponível
caminham vergados no zumbido dos ventos
com os braços erguidos - cantam
a linha do horizonte é uma lâmina
corta os cabelos dos meteoros - corta
as faces dos homens que espreitam para o palco
nocturno das invisíveis cidades
escorre uma linfa prateada para o coração dos cegos
e o sono atormenta-os com os seus sonhos vazios
adormecem sempre
antes que a cinza dos olhos arda
e se disperse
no fundo do muito longe ouve-se
um lamento escuro
quando a alba se levanta de novo no horto
dos incêndios
prosseguem caminho
com a voz atada por uma corda de lírios
os cegos
são o corpo de um fogo lento - uma sarça
que se acende subitamente por dentro.
7 383
3
Alberto Pimenta
Balada do resplendor deste século
Balada do resplendor deste século
que o resplendor deste século são empolas de água,
e pó sacudido do vento, que todas as cousas da terra têm por fim a terra.
ama ama
ama zonas
certas zonas
miss issipi
ama indo
ama vindo
ama olga
ama volga
ebro ébrio
bramaputra
escalda escalda
gua diana
com apolo
ama dão
e ama deu
ama teu
e ama tua
ama frates
e eufrates
ama núbio
e danúbio
colorido
colorado
ama tejo
ama sena
ama sado
orinoco e tocantim
xingu ural tarim
ama tudo
e por fim
ama pó
ama pó
ama pó
cinza e nada.
que o resplendor deste século são empolas de água,
e pó sacudido do vento, que todas as cousas da terra têm por fim a terra.
ama ama
ama zonas
certas zonas
miss issipi
ama indo
ama vindo
ama olga
ama volga
ebro ébrio
bramaputra
escalda escalda
gua diana
com apolo
ama dão
e ama deu
ama teu
e ama tua
ama frates
e eufrates
ama núbio
e danúbio
colorido
colorado
ama tejo
ama sena
ama sado
orinoco e tocantim
xingu ural tarim
ama tudo
e por fim
ama pó
ama pó
ama pó
cinza e nada.
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3
Bandeira Tribuzi
Ordem do dia
Há que remover a neve desta folha de papel!
Breve escutaremos o motor dos sentimentos
enchendo a manhã com sua algazarra. Eis a máquina se
movimentando! Da esquerda para a direita vão surgindo
os sulcos onde caem as sementes
da Emoção.
Na vasta planície
desvirginada
germina já o pólen da lírica.
Um vento de humana condição
(oh arte, coisa social!) faz voar até tuas mãos
esta lavoura mental.
Como bom descendente de um povo de camponeses
medes o rigor da semeadura,
sonhas as chuvas na raiz, o futuro pão...
Pão sonoro!
De repente,
as aves da poesia, que se alimentavam no campo semeado,
rompem vôo para o céu de tua inteligência
e desfecham seu canto maravilhoso
contra tua surpresa.
Teu coração é a corda do violino!
Eis a geração do poema:
sua mecânica, seu plantio,
sua colheita.
Estás diante de uma safra eterna!
(Safra / 1960)
Breve escutaremos o motor dos sentimentos
enchendo a manhã com sua algazarra. Eis a máquina se
movimentando! Da esquerda para a direita vão surgindo
os sulcos onde caem as sementes
da Emoção.
Na vasta planície
desvirginada
germina já o pólen da lírica.
Um vento de humana condição
(oh arte, coisa social!) faz voar até tuas mãos
esta lavoura mental.
Como bom descendente de um povo de camponeses
medes o rigor da semeadura,
sonhas as chuvas na raiz, o futuro pão...
Pão sonoro!
De repente,
as aves da poesia, que se alimentavam no campo semeado,
rompem vôo para o céu de tua inteligência
e desfecham seu canto maravilhoso
contra tua surpresa.
Teu coração é a corda do violino!
Eis a geração do poema:
sua mecânica, seu plantio,
sua colheita.
Estás diante de uma safra eterna!
(Safra / 1960)
2 400
3
Mário Cesariny
uma certa quantidade
Uma certa quantidade de gente à procura
de gente à procura duma certa quantidade
Soma:
uma paisagem extremamente à procura
o problema da luz (adrede ligado ao problema da vergonha)
e o problema do quarto-atelier-avião
Entretanto
e justamente quando
já não eram precisos
apareceram os poetas à procura
e a querer multiplicar tudo por dez
má raça que eles têm
ou muito inteligentes ou muito estúpidos
pois uma e outra coisa eles são
Jesus Aristóteles Platão
abrem o mapa:
dói aqui
dói acolá
E resulta que também estes andavam à procura
duma certa quantidade de gente
que saía à procura mas por outras bandas
bandas que por seu turno também procuravam imenso
um jeito certo de andar à procura deles
visto todos buscarem quem andasse
incautamente por ali a procurar
Que susto se de repente alguém a sério encontrasse
que certo se esse alguém fosse um adolescente
como se é uma nuvem um atelier um astro
de gente à procura duma certa quantidade
Soma:
uma paisagem extremamente à procura
o problema da luz (adrede ligado ao problema da vergonha)
e o problema do quarto-atelier-avião
Entretanto
e justamente quando
já não eram precisos
apareceram os poetas à procura
e a querer multiplicar tudo por dez
má raça que eles têm
ou muito inteligentes ou muito estúpidos
pois uma e outra coisa eles são
Jesus Aristóteles Platão
abrem o mapa:
dói aqui
dói acolá
E resulta que também estes andavam à procura
duma certa quantidade de gente
que saía à procura mas por outras bandas
bandas que por seu turno também procuravam imenso
um jeito certo de andar à procura deles
visto todos buscarem quem andasse
incautamente por ali a procurar
Que susto se de repente alguém a sério encontrasse
que certo se esse alguém fosse um adolescente
como se é uma nuvem um atelier um astro
3 407
3
Cruz e Sousa
PIEDADE
Últimos Sonetos
O coração de todo o ser humano
foi concebido para ter piedade,
para olhar e sentir com caridade,
ficar mais doce o eterno desengano.
Para da vida em cada rude oceano
arrojar, através da imensidade,
tábuas de salvação, de suavidade,
de consolo e de afeto soberano.
Sim! Que não ter um coração profundo
é os olhos fechar à dor do mundo,
ficar inútil nos amargos trilhos.
É como se o meu ser compadecido
não tivesse um soluço comovido
para sentir e para amar meus filhos!
O coração de todo o ser humano
foi concebido para ter piedade,
para olhar e sentir com caridade,
ficar mais doce o eterno desengano.
Para da vida em cada rude oceano
arrojar, através da imensidade,
tábuas de salvação, de suavidade,
de consolo e de afeto soberano.
Sim! Que não ter um coração profundo
é os olhos fechar à dor do mundo,
ficar inútil nos amargos trilhos.
É como se o meu ser compadecido
não tivesse um soluço comovido
para sentir e para amar meus filhos!
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3
Marcolino Candeias
Breve Discurso aos Meus Amigos
Meus amigos de escola meus amigos de liceu e de universidade
que juntos fizemos a maqueta de um novo mundo
meus amigos de pândega meus amigos das touradas da minha adolescência
que uns aos outros nos embriagámos de tanta esperança.
Oh meus amigos de café de cerveja gelada e coração fervente
que resolvíamos a paz e a guerra e inventávamos a justiça social
todos os meus amigos das artes que sonhávamos até ao clímax da fúria
a utopia suprema
e expurgámos do mal todo o universo para o fazer só de beleza.
Meus amigos da ciência
que em serões enchíamos de generosidade as retortas do progresso
em que inventámos novas energias e as novas maravilhas do paraíso terrestre
e por que não
dos meus amigos os melhor penteadinhos das ideias então apenas futuros
hoje consagrados já vedetas mesmo fragatas e cruzadores da política
-- se é que na política meu Deus aqui pra nós o Senhor acha que?
Ah todos os meus amigos sem falhar nenhum
intelectuais semi para-intelectuais e sindicalistas
quantos quintais de verbo imolámos ao porvir.
Meus amigos todos do mundo inteiro que nunca conheci que nem hei de conhecer
meus inimigos e mesmo os menos amigos
toda a charanga da imprensa escrita e da falada
e mais a do cochicho e a do dizquedizque também.
Todos.
Ah meus amigos meus inimigos
nós que inventámos a computação de bolso e o laser
nós que viajamos no imo do invisível
nós que fazemos a carambola com neutrões
nós que manipulamos a ADN como um castelo de Lego
nós mesmos que bordejamos as costas do cosmos
nós os que glorificamos
nós os que descreditamos
nós os que desacreditámos da democracia
e quisemos o mundo livre e melhor
nós que gravamos no perfeito absoluto da matéria
a perpetuidade do Hino à Alegria
nós que operámos tanta maravilha.
Nós que fazemos Jugoslávias e permitimos Somálias e Timore
e que incubámos novas suásticas
sob a asa da nossa inconsciência.
Nós que por lucro e desleixo fazemos marés negras
e por conveniência e hipocrisia
ousámos admitir que dos falos fumegantes da indústria
era Juno mesma que se ejaculava
em jactos de progresso sobre as nações da Terra.
Nós que criamos as chuvas ácidas
cuspindo para o ar nossa arrogância
nós que satisfeitos e inconsequentes
multiquotidianamente abrimos a porta do frigorífico
e que de higiénicos tanto apertámos o desodorizante
que mesmo daqui debaixo
rasgámos as cuecas de S. Pedro.
Nós que nem mesmo já precisamos de alma
para sermos humanos e imortais.
Nós que já nem de nós mesmos conseguimos dizer as maravilhas.
Nós operámos o inoperável
e arrotando à glória de Deus realizámos o impossível.
que juntos fizemos a maqueta de um novo mundo
meus amigos de pândega meus amigos das touradas da minha adolescência
que uns aos outros nos embriagámos de tanta esperança.
Oh meus amigos de café de cerveja gelada e coração fervente
que resolvíamos a paz e a guerra e inventávamos a justiça social
todos os meus amigos das artes que sonhávamos até ao clímax da fúria
a utopia suprema
e expurgámos do mal todo o universo para o fazer só de beleza.
Meus amigos da ciência
que em serões enchíamos de generosidade as retortas do progresso
em que inventámos novas energias e as novas maravilhas do paraíso terrestre
e por que não
dos meus amigos os melhor penteadinhos das ideias então apenas futuros
hoje consagrados já vedetas mesmo fragatas e cruzadores da política
-- se é que na política meu Deus aqui pra nós o Senhor acha que?
Ah todos os meus amigos sem falhar nenhum
intelectuais semi para-intelectuais e sindicalistas
quantos quintais de verbo imolámos ao porvir.
Meus amigos todos do mundo inteiro que nunca conheci que nem hei de conhecer
meus inimigos e mesmo os menos amigos
toda a charanga da imprensa escrita e da falada
e mais a do cochicho e a do dizquedizque também.
Todos.
Ah meus amigos meus inimigos
nós que inventámos a computação de bolso e o laser
nós que viajamos no imo do invisível
nós que fazemos a carambola com neutrões
nós que manipulamos a ADN como um castelo de Lego
nós mesmos que bordejamos as costas do cosmos
nós os que glorificamos
nós os que descreditamos
nós os que desacreditámos da democracia
e quisemos o mundo livre e melhor
nós que gravamos no perfeito absoluto da matéria
a perpetuidade do Hino à Alegria
nós que operámos tanta maravilha.
Nós que fazemos Jugoslávias e permitimos Somálias e Timore
e que incubámos novas suásticas
sob a asa da nossa inconsciência.
Nós que por lucro e desleixo fazemos marés negras
e por conveniência e hipocrisia
ousámos admitir que dos falos fumegantes da indústria
era Juno mesma que se ejaculava
em jactos de progresso sobre as nações da Terra.
Nós que criamos as chuvas ácidas
cuspindo para o ar nossa arrogância
nós que satisfeitos e inconsequentes
multiquotidianamente abrimos a porta do frigorífico
e que de higiénicos tanto apertámos o desodorizante
que mesmo daqui debaixo
rasgámos as cuecas de S. Pedro.
Nós que nem mesmo já precisamos de alma
para sermos humanos e imortais.
Nós que já nem de nós mesmos conseguimos dizer as maravilhas.
Nós operámos o inoperável
e arrotando à glória de Deus realizámos o impossível.
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3
Judas Isgorogota
Os Ipês
Quando o homem, que fora um bom, fechou os olhos
e a alma entregou a Deus, este, num gesto suave,
a recebeu sorrindo. Ele fora na terra
alguém que teve sempre aberta a mão
para o infeliz necessitado,
e, para o sofredor, aberto o coração...
Todo o ouro que tinha, ele, piedosamente,
ia dando de esmola... havia sempre
mãos ressequidas, mas famélicas, nervosas,
pedindo pão...
Foi assim que, ao morrer, tão pobre estava
que só tinha de seu, em frente à casa,
uns modestos ipês, que jamais floresceram,
minguados de folhagem,
enterrados no chão...
— Ele que foi um rico... imaginem... ao menos
que deixasse com que adquirir-se agora
uma mísera cova...
Ouro ele teve, e muito, o maganão!...
Mas, onde está seu ouro? Onde está seu ouro?...
Jogou-o fora, o vilão!"
Assim falavam todos — os parentes
e os amigos,
numa geral condenação...
Eis porém, que ao passar em frente às árvores tristonhas,
O desgraçado morto em seu desgraçado caixão,
num milagre de amor, os ipês começaram
a florir, a encher o céu de pétalas de ouro,
E de ouro, ouro divino, atapetou-se o chão!
e a alma entregou a Deus, este, num gesto suave,
a recebeu sorrindo. Ele fora na terra
alguém que teve sempre aberta a mão
para o infeliz necessitado,
e, para o sofredor, aberto o coração...
Todo o ouro que tinha, ele, piedosamente,
ia dando de esmola... havia sempre
mãos ressequidas, mas famélicas, nervosas,
pedindo pão...
Foi assim que, ao morrer, tão pobre estava
que só tinha de seu, em frente à casa,
uns modestos ipês, que jamais floresceram,
minguados de folhagem,
enterrados no chão...
— Ele que foi um rico... imaginem... ao menos
que deixasse com que adquirir-se agora
uma mísera cova...
Ouro ele teve, e muito, o maganão!...
Mas, onde está seu ouro? Onde está seu ouro?...
Jogou-o fora, o vilão!"
Assim falavam todos — os parentes
e os amigos,
numa geral condenação...
Eis porém, que ao passar em frente às árvores tristonhas,
O desgraçado morto em seu desgraçado caixão,
num milagre de amor, os ipês começaram
a florir, a encher o céu de pétalas de ouro,
E de ouro, ouro divino, atapetou-se o chão!
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3
Ulisses Tavares
Toque
alguma coisa estranha acontece
quando se toca em gente.
experimente.
In: TAVARES, Ulisses. O eu entre nós. São Paulo: Núcleo Pindaíba Edições e Debates, 1979. (Coleção PF)
quando se toca em gente.
experimente.
In: TAVARES, Ulisses. O eu entre nós. São Paulo: Núcleo Pindaíba Edições e Debates, 1979. (Coleção PF)
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3
Augusto dos Anjos
O lupanar
Ah! Por que monstruosíssimo motivo
Prenderam para sempre, nesta rede,
Dentro do ângulo diedro da parede,
A alma do homem polígamo e lascivo?!
Este lugar, moços do mundo, vêde:
É o grande bebedouro colectivo,
Onde os bandalhos, como um gado vivo,
Todas as noites, vêm matar a sede!
É o afrodístico leito do hetairismo,
A antecâmara lúbrica do abismo,
Em que é mister que o gênero humano entre,
Quando a promiscuidade aterradora
Matar a última força geradora
E comer o último óvulo do ventre!
Prenderam para sempre, nesta rede,
Dentro do ângulo diedro da parede,
A alma do homem polígamo e lascivo?!
Este lugar, moços do mundo, vêde:
É o grande bebedouro colectivo,
Onde os bandalhos, como um gado vivo,
Todas as noites, vêm matar a sede!
É o afrodístico leito do hetairismo,
A antecâmara lúbrica do abismo,
Em que é mister que o gênero humano entre,
Quando a promiscuidade aterradora
Matar a última força geradora
E comer o último óvulo do ventre!
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3
Judas Isgorogota
Os que Vêm de Longe
Vocês não queiram mal aos que vêm de longe,
aos que vêm sem rumo certo, como eu vim;
as tempestades é que nos atiram
para as praias sem fim...
Os que vêm de longe, os que vêm famintos,
os que vêm rasgados de dar compaixão,
os olhos parados, os pés doloridos,
pisando saudades calcadas no chão...
Vocês nunca souberam o que é tempestade
na vida de um homem... e nem saberão!
É a seca na mata... é o mato rangendo,
é a terra tostando, virando zarcão...
É a gente morrendo na estrada vermelha
vendo trapos humanos lutando com o pó...
E as levas se arrastam penosas na estrada,
enchendo as estradas de angústia e de dó...
É a gente, sentindo tonturas na alma,
piedade divina dos céus implorar,
e ver que somente uma gota nos brota
dos olhos cansados de tanto chorar...
É o gado morrendo de fome e de sede,
morrendo e mugindo num doido clamor,
e a gente morrendo de sede, e sonhando...
— a gente tem mesmo de ser sonhador... —
sonhando com água, que ao menos o gado
liberte da angústia da sede e da dor...
E os trapos humanos se arrastam rezando,
caindo, chorando,
sofrendo e clamando por Nosso Senhor...
É a gente ter nalma esperanças e sonhos,
viver da ventura dos olhos de alguém,
um dia encontrar a palhoça deserta
e saber que, faminta, arrastando-se além,
aquela que amamos a leva maldita
levou-a também...
É a gente sofrendo de ver a desdita
sorrindo dos homens... Olhar para o céu,
fechar a palhoça e sair pela estrada,
sem rumo, sem nada, dos ventos ao léu...
E o céu lá em cima piscando de quente...
Lá longe a palhoça ficou, triste e só...
Um fiapo de nuvem vem vindo... vem vindo...
e a gente vai indo com os olhos na nuvem,
os pés escaldando na areia e no pó...
Depois, já se sabe... Depois é isso mesmo ...
a gente vem vindo, tal qual como eu vim,
sem Deus, sem destino, sem sorte, sem nada,
até dar à costa num mundo sem fim...
Vocês não queiram mal aos que vêm de longe,
rasgados, famintos de dar compaixão...
os olhos na terra ... os pés doloridos...
pisando saudades calcadas no chão ...
aos que vêm sem rumo certo, como eu vim;
as tempestades é que nos atiram
para as praias sem fim...
Os que vêm de longe, os que vêm famintos,
os que vêm rasgados de dar compaixão,
os olhos parados, os pés doloridos,
pisando saudades calcadas no chão...
Vocês nunca souberam o que é tempestade
na vida de um homem... e nem saberão!
É a seca na mata... é o mato rangendo,
é a terra tostando, virando zarcão...
É a gente morrendo na estrada vermelha
vendo trapos humanos lutando com o pó...
E as levas se arrastam penosas na estrada,
enchendo as estradas de angústia e de dó...
É a gente, sentindo tonturas na alma,
piedade divina dos céus implorar,
e ver que somente uma gota nos brota
dos olhos cansados de tanto chorar...
É o gado morrendo de fome e de sede,
morrendo e mugindo num doido clamor,
e a gente morrendo de sede, e sonhando...
— a gente tem mesmo de ser sonhador... —
sonhando com água, que ao menos o gado
liberte da angústia da sede e da dor...
E os trapos humanos se arrastam rezando,
caindo, chorando,
sofrendo e clamando por Nosso Senhor...
É a gente ter nalma esperanças e sonhos,
viver da ventura dos olhos de alguém,
um dia encontrar a palhoça deserta
e saber que, faminta, arrastando-se além,
aquela que amamos a leva maldita
levou-a também...
É a gente sofrendo de ver a desdita
sorrindo dos homens... Olhar para o céu,
fechar a palhoça e sair pela estrada,
sem rumo, sem nada, dos ventos ao léu...
E o céu lá em cima piscando de quente...
Lá longe a palhoça ficou, triste e só...
Um fiapo de nuvem vem vindo... vem vindo...
e a gente vai indo com os olhos na nuvem,
os pés escaldando na areia e no pó...
Depois, já se sabe... Depois é isso mesmo ...
a gente vem vindo, tal qual como eu vim,
sem Deus, sem destino, sem sorte, sem nada,
até dar à costa num mundo sem fim...
Vocês não queiram mal aos que vêm de longe,
rasgados, famintos de dar compaixão...
os olhos na terra ... os pés doloridos...
pisando saudades calcadas no chão ...
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Paulo Mendes Campos
Poema Didático
Não vou sofrer mais sobre as armações metálicas do mundo
Como o fiz outrora, quando ainda me perturbava a rosa.
Minhas rugas são prantos da véspera, caminhos esquecidos,
Minha imaginação apodreceu sobre os lodos do Orco.
No alto, à vista de todos, onde sem equilíbrio precipitei-me,
Clown de meus próprios fantasmas, sonhei-me,
Morto do meu próprio pensamento, destruí-me,
Pausa repentina, vocação de mentira, dispersei-me,
Quem sofreria agora sobre as armações metálicas do mundo,
Como o fiz outrora, espreitando a grande cruz sombria
Que se deita sobre a cidade, olhando a ferrovia, a fábrica,
E do outro lado da tarde o mundo enigmático dos quintais.
Quem, como eu outrora, andaria cheio de uma vontade infeliz,
Vazio de naturalidade, entre as ruas poentas do subúrbio
E montes cujas vertentes descem infalíveis ao porto de mar ?
Meu instante agora é uma supressão de saudades. instante
Parado e opaco. Difícil se me vai tornando transpor este rio
Que me confundiu outrora. Já deixei de amar os desencontros.
Cansei-me de ser visão, agora sei que sou real em um mundo real.
Então, desprezando o outrora, impedi que a rosa me perturbasse.
E não olhei a ferrovia - mas o homem que sangrou na ferrovia -
E não olhei a fábrica - mas o homem que se consumiu na fábrica -
E não olhei mais a estrela - mas o rosto que refletiu o seu fulgor.
Quem agora estará absorto? Quem agora estará morto ?
O mundo, companheiro, decerto não é um desenho
De metafísicas magnificas (como imaginei outrora)
Mas um desencontro de frustrações em combate.
nele, como causa primeira, existe o corpo do homem
- cabeça, tronco, membros, aspirações e bem estar...
E só depois consolações, jogos e amarguras do espírito.
Não é um vago hálito de inefável ansiedade poética
Ou vaga advinhação de poderes ocultos, rosa
Que se sustentasse sem haste, imaginada, como o fiz outrora.
O mundo nasceu das necesidades. O caos, ou o Senhor,
Não filtraria no escuro um homem inconsequente,
Que apenas palpitasse no sopro da imaginação. O homem
É um gesto que se faz ou não se faz. Seu absurdo -
Se podemos admiti-lo - não se redime em injustiça.
Doou-nos a terra um fruto. Força é reparti-lo
Entre os filhos da terra. Força - aos que o herdaram -
É fazer esse gesto, disputar esse fruto. Outrora,
Quando ainda sofria sobre as armações metálicas do mundo,
Acuado como um cão metafísico, eu gania para a eternidade,
sem compreender que, pelo simples teorema do egoísmo,
A vida enganou a vida, o homem enganou o homem.
Por isso, agora, organizei meu sofrimento ao sofrimento
De todos: se multipliquei a minha dor,
Também multipliquei a minha esperança.
Como o fiz outrora, quando ainda me perturbava a rosa.
Minhas rugas são prantos da véspera, caminhos esquecidos,
Minha imaginação apodreceu sobre os lodos do Orco.
No alto, à vista de todos, onde sem equilíbrio precipitei-me,
Clown de meus próprios fantasmas, sonhei-me,
Morto do meu próprio pensamento, destruí-me,
Pausa repentina, vocação de mentira, dispersei-me,
Quem sofreria agora sobre as armações metálicas do mundo,
Como o fiz outrora, espreitando a grande cruz sombria
Que se deita sobre a cidade, olhando a ferrovia, a fábrica,
E do outro lado da tarde o mundo enigmático dos quintais.
Quem, como eu outrora, andaria cheio de uma vontade infeliz,
Vazio de naturalidade, entre as ruas poentas do subúrbio
E montes cujas vertentes descem infalíveis ao porto de mar ?
Meu instante agora é uma supressão de saudades. instante
Parado e opaco. Difícil se me vai tornando transpor este rio
Que me confundiu outrora. Já deixei de amar os desencontros.
Cansei-me de ser visão, agora sei que sou real em um mundo real.
Então, desprezando o outrora, impedi que a rosa me perturbasse.
E não olhei a ferrovia - mas o homem que sangrou na ferrovia -
E não olhei a fábrica - mas o homem que se consumiu na fábrica -
E não olhei mais a estrela - mas o rosto que refletiu o seu fulgor.
Quem agora estará absorto? Quem agora estará morto ?
O mundo, companheiro, decerto não é um desenho
De metafísicas magnificas (como imaginei outrora)
Mas um desencontro de frustrações em combate.
nele, como causa primeira, existe o corpo do homem
- cabeça, tronco, membros, aspirações e bem estar...
E só depois consolações, jogos e amarguras do espírito.
Não é um vago hálito de inefável ansiedade poética
Ou vaga advinhação de poderes ocultos, rosa
Que se sustentasse sem haste, imaginada, como o fiz outrora.
O mundo nasceu das necesidades. O caos, ou o Senhor,
Não filtraria no escuro um homem inconsequente,
Que apenas palpitasse no sopro da imaginação. O homem
É um gesto que se faz ou não se faz. Seu absurdo -
Se podemos admiti-lo - não se redime em injustiça.
Doou-nos a terra um fruto. Força é reparti-lo
Entre os filhos da terra. Força - aos que o herdaram -
É fazer esse gesto, disputar esse fruto. Outrora,
Quando ainda sofria sobre as armações metálicas do mundo,
Acuado como um cão metafísico, eu gania para a eternidade,
sem compreender que, pelo simples teorema do egoísmo,
A vida enganou a vida, o homem enganou o homem.
Por isso, agora, organizei meu sofrimento ao sofrimento
De todos: se multipliquei a minha dor,
Também multipliquei a minha esperança.
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Adolfo Casais Monteiro
Eu Falo das Casas e dos Homens
Eu falo das casas e dos homens,
dos vivos e dos mortos:
do que passa e não volta nunca mais.. .
Não me venham dizer que estava materialmente
previsto,
ah, não me venham com teorias!
Eu vejo a desolação e a fome,
as angústias sem nome,
os pavores marcados para sempre nas faces trágicas
das vítimas.
E sei que vejo, sei que imagino apenas uma ínfima,
uma insignificante parcela da tragédia.
Eu, se visse, não acreditava.
Se visse, dava em louco ou em profeta,
dava em chefe de bandidos, em salteador de estrada,
- mas não acreditava!
Olho os homens, as casas e os bichos.
Olho num pasmo sem limites,
e fico sem palavras,
na dor de serem homens que fizeram tudo isto:
esta pasta ensanguentada a que reduziram a terra inteira,
esta lama de sangue e alma,
de coisa a ser,
e pergunto numa angústia se ainda haverá alguma esperança,
se o ódio sequer servirá para alguma coisa...
Deixai-me chorar - e chorai!
As lágrimas lavarão ao menos a vergonha de estarmos vivos,
de termos sancionado com o nosso silêncio o crime feito instituição,
e enquanto chorarmos talvez julguemos nosso o drama,
por momentos será nosso um pouco do sofrimento alheio,
por um segundo seremos os mortos e os torturados,
os aleijados para toda a vida, os loucos e os encarcerados,
seremos a terra podre de tanto cadáver,
seremos o sangue das árvores,
o ventre doloroso das casas saqueadas,
sim, por um momento seremos a dor de tudo isto. . .
Eu não sei porque me caem as lágrimas,
porque tremo e que arrepio corre dentro de mim,
eu que não tenho parentes nem amigos na guerra,
eu que sou estrangeiro diante de tudo isto,
eu que estou na minha casa sossegada,
eu que não tenho guerra à porta,
- eu porque tremo e soluço?
Quem chora em mim, dizei - quem chora em nós?
Tudo aqui vai como um rio farto de conhecer os seus meandros:
as ruas são ruas com gente e automóveis,
não há sereias a gritar pavores irreprimíveis,
e a miséria é a mesma miséria que já havia...
E se tudo é igual aos dias antigos,
apesar da Europa à nossa volta, exangüe e mártir,
eu pergunto se não estaremos a sonhar que somos gente,
sem irmãos nem consciência, aqui enterrados vivos,
sem nada senão lágrimas que vêm tarde, e uma noite à volta,
uma noite em que nunca chega o alvor da madrugada...
dos vivos e dos mortos:
do que passa e não volta nunca mais.. .
Não me venham dizer que estava materialmente
previsto,
ah, não me venham com teorias!
Eu vejo a desolação e a fome,
as angústias sem nome,
os pavores marcados para sempre nas faces trágicas
das vítimas.
E sei que vejo, sei que imagino apenas uma ínfima,
uma insignificante parcela da tragédia.
Eu, se visse, não acreditava.
Se visse, dava em louco ou em profeta,
dava em chefe de bandidos, em salteador de estrada,
- mas não acreditava!
Olho os homens, as casas e os bichos.
Olho num pasmo sem limites,
e fico sem palavras,
na dor de serem homens que fizeram tudo isto:
esta pasta ensanguentada a que reduziram a terra inteira,
esta lama de sangue e alma,
de coisa a ser,
e pergunto numa angústia se ainda haverá alguma esperança,
se o ódio sequer servirá para alguma coisa...
Deixai-me chorar - e chorai!
As lágrimas lavarão ao menos a vergonha de estarmos vivos,
de termos sancionado com o nosso silêncio o crime feito instituição,
e enquanto chorarmos talvez julguemos nosso o drama,
por momentos será nosso um pouco do sofrimento alheio,
por um segundo seremos os mortos e os torturados,
os aleijados para toda a vida, os loucos e os encarcerados,
seremos a terra podre de tanto cadáver,
seremos o sangue das árvores,
o ventre doloroso das casas saqueadas,
sim, por um momento seremos a dor de tudo isto. . .
Eu não sei porque me caem as lágrimas,
porque tremo e que arrepio corre dentro de mim,
eu que não tenho parentes nem amigos na guerra,
eu que sou estrangeiro diante de tudo isto,
eu que estou na minha casa sossegada,
eu que não tenho guerra à porta,
- eu porque tremo e soluço?
Quem chora em mim, dizei - quem chora em nós?
Tudo aqui vai como um rio farto de conhecer os seus meandros:
as ruas são ruas com gente e automóveis,
não há sereias a gritar pavores irreprimíveis,
e a miséria é a mesma miséria que já havia...
E se tudo é igual aos dias antigos,
apesar da Europa à nossa volta, exangüe e mártir,
eu pergunto se não estaremos a sonhar que somos gente,
sem irmãos nem consciência, aqui enterrados vivos,
sem nada senão lágrimas que vêm tarde, e uma noite à volta,
uma noite em que nunca chega o alvor da madrugada...
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3
Octavio Paz
Entre la piedra y la flor
A Teodoro Cesarman
I
Amanecemos piedras.
Nada sino la luz. No hay nada
sino la luz contra la luz.
La tierra:
palma de una mano de piedra.
El agua callada
en su tumba calcárea.
El agua encarcelada,
húmeda lengua humilde
que no dice nada.
Alza la tierra un vaho.
Vuelan pájaros pardos, barro alado.
El horizonte:
unas cuantas nubes arrasadas.
Planicie enorme, sin arrugas.
El henequén, índice verde,
divide los espacios terrestres.
Cielo ya sin orillas.
II
¿Qué tierra es ésta?
¿Qué violencia germinan
bajo su pétrea cáscara,
qué obstinación de fuego ya frío,
años y años como saliva que se acumula
y se endurece y se aguza en púas?
Una región que existe
antes que el sol y el agua
alzaran sus banderas enemigas,
una región de piedra
creada antes del doble nacimiento
de la vida y la muerte.
En la llanura la planta se implanta
en vastas plantaciones militares.
Ejército inmóvil
frente al sol giratorio y las nubes nómadas.
El henequén, verde y ensimismado,
brota en pencas anchas y triangulares:
es un surtidor de alfanjes vegetales.
El henequén es una planta armada.
Por sus fibras sube una sed de arena.
Viene de los reinos de abajo,
empuja hacia arriba y en pleno salto
su chorro se detiene,
convertido en un hostil penacho,
verdor que acaba en puntas.
Forma visible de la sed invisible.
El agave es verdaderamente admirable:
su violencia es quietud, simetría su quietud.
Su sed fabrica el licor que lo sacia:
es un alambique que se destila a sí mismo.
Al cabo de veinticinco años
alza una flor, roja y única.
Una vara sexual la levanta,
llama petrificada.
Entonces muere.
III
Entre la piedra y la flor, el hombre:
el nacimiento que nos lleva a la muerte,
la muerte que nos lleva al nacimiento.
El hombre,
sobre la piedra lluvia persistente
y río entre llamas
y flor que vence al huracán
y pájaro semejante al breve relámpago:
el hombre entre sus frutos y sus obras.
El henequén,
verde lección de geometría
sobre la tierra blanca y ocre.
Agricultura, comercio, industria, lenguaje.
Es una planta vivaz y es una fibra,
es una acción en la Bolsa y es un signo.
El tiempo humano,
tiempo que se acumula,
tiempo que se dilapida.
La sed y la planta,
la planta y el hombre,
el hombre, sus trabajos y sus días.
Desde hace siglos de siglos
tú das vueltas y vueltas
con un trote obstinado de animal humano:
tus días son largos como años
y de año en año tus días marcan el paso;
no el reloj del banquero ni el del líder:
el sol es tu patrón,
de sol a sol es tu jornada
y tu jornal es el sudor,
rocío de cada día
que en tu calvario cotidiano
se vuelve una corona transparente
-aunque tu cara no esté impresa
en ningún lienzo de Verónica
ni sea la de la foto
del mandamás en turno
que multiplican los carteles:
tu cara es el sol gastado del centavo,
universal rostro borroso;
tú hablas una lengua que no hablan
los que hablan de ti desde sus púlpitos
y juran por tu nombre en vano,
los tutores de tu futuro,
los albaceas de tus huesos:
tu habla es árbol de raíces de agua,
subterráneo sistema fluvial del espíritu,
y tus palabras van -descalzas, de puntillas-
de un silencio a otro silencio;
tú eres frugal y resignado y vives,
como si fueras pájaro,
de un puño de pinole en un jarro de atole;
tú caminas y tus pasos
son las lloviznas en el polvo;
tú eres aseado como un venado;
tú andas vestido de algodón
y tu calzón y tu camisa remendados
son más blancos que las nubes blancas;
tú te emborrachas con licores lunares
y subes hasta el grito como el cohete
y como él, quemado, te desplomas;
tú recorres hincado las estaciones
y vas del atrio hasta el altar
y del altar al atrio
con las rodillas ensangrentadas
y el cirio que llevas en la mano
gotea gotas de cera que te queman;
tú eres cortés y ceremonioso y comedido
y un poco hipócrita como todos los devotos
y eres capaz de triturar con una piedra
el cráneo del cismático y del adúltero;
tú tiendes a tu mujer en la hamaca
y la cubres con una manta de latidos;
tú, a las doce, por un instante,
suspendes el quehacer y la plática,
para oír, repetida maravilla,
dar la hora al pájaro, reloj de alas;
tú eres justo y tierno y solícito
con tus pollos, tus cerdos y tus hijos;
como la mazorca de maíz
tu dios está hecho de muchos santos
y hay muchos siglos en tus años;
un guajolote era tú único orgullo
y lo sacrificaste un día de copal y ensalmos;
tú llueves la lluvia de flores amarillas,
gotas de sol, sobre el hoyo de tus muertos
-mas no es el ritmo oscuro,
el renacer de cada día
y el remorir de cada noche,
lo que te mueve por la tierra:
I
Amanecemos piedras.
Nada sino la luz. No hay nada
sino la luz contra la luz.
La tierra:
palma de una mano de piedra.
El agua callada
en su tumba calcárea.
El agua encarcelada,
húmeda lengua humilde
que no dice nada.
Alza la tierra un vaho.
Vuelan pájaros pardos, barro alado.
El horizonte:
unas cuantas nubes arrasadas.
Planicie enorme, sin arrugas.
El henequén, índice verde,
divide los espacios terrestres.
Cielo ya sin orillas.
II
¿Qué tierra es ésta?
¿Qué violencia germinan
bajo su pétrea cáscara,
qué obstinación de fuego ya frío,
años y años como saliva que se acumula
y se endurece y se aguza en púas?
Una región que existe
antes que el sol y el agua
alzaran sus banderas enemigas,
una región de piedra
creada antes del doble nacimiento
de la vida y la muerte.
En la llanura la planta se implanta
en vastas plantaciones militares.
Ejército inmóvil
frente al sol giratorio y las nubes nómadas.
El henequén, verde y ensimismado,
brota en pencas anchas y triangulares:
es un surtidor de alfanjes vegetales.
El henequén es una planta armada.
Por sus fibras sube una sed de arena.
Viene de los reinos de abajo,
empuja hacia arriba y en pleno salto
su chorro se detiene,
convertido en un hostil penacho,
verdor que acaba en puntas.
Forma visible de la sed invisible.
El agave es verdaderamente admirable:
su violencia es quietud, simetría su quietud.
Su sed fabrica el licor que lo sacia:
es un alambique que se destila a sí mismo.
Al cabo de veinticinco años
alza una flor, roja y única.
Una vara sexual la levanta,
llama petrificada.
Entonces muere.
III
Entre la piedra y la flor, el hombre:
el nacimiento que nos lleva a la muerte,
la muerte que nos lleva al nacimiento.
El hombre,
sobre la piedra lluvia persistente
y río entre llamas
y flor que vence al huracán
y pájaro semejante al breve relámpago:
el hombre entre sus frutos y sus obras.
El henequén,
verde lección de geometría
sobre la tierra blanca y ocre.
Agricultura, comercio, industria, lenguaje.
Es una planta vivaz y es una fibra,
es una acción en la Bolsa y es un signo.
El tiempo humano,
tiempo que se acumula,
tiempo que se dilapida.
La sed y la planta,
la planta y el hombre,
el hombre, sus trabajos y sus días.
Desde hace siglos de siglos
tú das vueltas y vueltas
con un trote obstinado de animal humano:
tus días son largos como años
y de año en año tus días marcan el paso;
no el reloj del banquero ni el del líder:
el sol es tu patrón,
de sol a sol es tu jornada
y tu jornal es el sudor,
rocío de cada día
que en tu calvario cotidiano
se vuelve una corona transparente
-aunque tu cara no esté impresa
en ningún lienzo de Verónica
ni sea la de la foto
del mandamás en turno
que multiplican los carteles:
tu cara es el sol gastado del centavo,
universal rostro borroso;
tú hablas una lengua que no hablan
los que hablan de ti desde sus púlpitos
y juran por tu nombre en vano,
los tutores de tu futuro,
los albaceas de tus huesos:
tu habla es árbol de raíces de agua,
subterráneo sistema fluvial del espíritu,
y tus palabras van -descalzas, de puntillas-
de un silencio a otro silencio;
tú eres frugal y resignado y vives,
como si fueras pájaro,
de un puño de pinole en un jarro de atole;
tú caminas y tus pasos
son las lloviznas en el polvo;
tú eres aseado como un venado;
tú andas vestido de algodón
y tu calzón y tu camisa remendados
son más blancos que las nubes blancas;
tú te emborrachas con licores lunares
y subes hasta el grito como el cohete
y como él, quemado, te desplomas;
tú recorres hincado las estaciones
y vas del atrio hasta el altar
y del altar al atrio
con las rodillas ensangrentadas
y el cirio que llevas en la mano
gotea gotas de cera que te queman;
tú eres cortés y ceremonioso y comedido
y un poco hipócrita como todos los devotos
y eres capaz de triturar con una piedra
el cráneo del cismático y del adúltero;
tú tiendes a tu mujer en la hamaca
y la cubres con una manta de latidos;
tú, a las doce, por un instante,
suspendes el quehacer y la plática,
para oír, repetida maravilla,
dar la hora al pájaro, reloj de alas;
tú eres justo y tierno y solícito
con tus pollos, tus cerdos y tus hijos;
como la mazorca de maíz
tu dios está hecho de muchos santos
y hay muchos siglos en tus años;
un guajolote era tú único orgullo
y lo sacrificaste un día de copal y ensalmos;
tú llueves la lluvia de flores amarillas,
gotas de sol, sobre el hoyo de tus muertos
-mas no es el ritmo oscuro,
el renacer de cada día
y el remorir de cada noche,
lo que te mueve por la tierra:
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Tobias Barreto
O Gênio da Humanidade
Sou eu quem assiste às lutas,
Que dentro d'alma se dão,
Quem sonda todas as grutas
Profundas do coração:
Quis ver dos céus o segredo;
Rebelde, sobre um rochedo
Cravado, fui Prometeu;
Tive sede do infinito,
Gênio, feliz ou maldito,
A Humanidade sou eu.
Ergo o braço, aceno aos ares,
E o céu se azulando vai;
Estendo a mão sobre os mares,
E os mares dizem: passai!...
Satisfazendo ao anelo
Do bom, do grande e do belo,
Todas as formas tomei:
Com Homero fui poeta,
Com Isaías profeta,
Com Alexandre fui rei.
(...)
Travei-me em lutas imensas,
Por vezes cansado e nu,
Gritei ao céu: e que pensas?
Ao mar: de que choras tu?
Caminho... e tudo o que faço
Derramo sobre o regaço
Da história, que é minha irmã:
Chamem-me Byron ou Goethe,
Na fronte do meu ginete
Brilha a estrela da manhã.
(...)
Publicado no livro Dias e Noites (1881). Poema integrante da série Parte I - Gerais e Naturalistas.
In: BARRETO, Tobias. Dias e noites. Org. Luiz Antonio Barreto. Introd. e notas Jackson da Silva Lima. 7.ed. rev. e aum. Rio de Janeiro: Record; Brasília: INL, 1989. p.79-80. (Obras completas
Que dentro d'alma se dão,
Quem sonda todas as grutas
Profundas do coração:
Quis ver dos céus o segredo;
Rebelde, sobre um rochedo
Cravado, fui Prometeu;
Tive sede do infinito,
Gênio, feliz ou maldito,
A Humanidade sou eu.
Ergo o braço, aceno aos ares,
E o céu se azulando vai;
Estendo a mão sobre os mares,
E os mares dizem: passai!...
Satisfazendo ao anelo
Do bom, do grande e do belo,
Todas as formas tomei:
Com Homero fui poeta,
Com Isaías profeta,
Com Alexandre fui rei.
(...)
Travei-me em lutas imensas,
Por vezes cansado e nu,
Gritei ao céu: e que pensas?
Ao mar: de que choras tu?
Caminho... e tudo o que faço
Derramo sobre o regaço
Da história, que é minha irmã:
Chamem-me Byron ou Goethe,
Na fronte do meu ginete
Brilha a estrela da manhã.
(...)
Publicado no livro Dias e Noites (1881). Poema integrante da série Parte I - Gerais e Naturalistas.
In: BARRETO, Tobias. Dias e noites. Org. Luiz Antonio Barreto. Introd. e notas Jackson da Silva Lima. 7.ed. rev. e aum. Rio de Janeiro: Record; Brasília: INL, 1989. p.79-80. (Obras completas
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Fernando Grade
O povo manda no rio
Aqui estou, doido de gaivotas, no sítio onde
O povo manda no rio, aqui estou
Com Annie nas margens do bucólico rio Almançor.
Agora conheço, sabemos o peso do trigo,
Somos, não, sou, perdão,
Não quero ser perito em almas (em ervas),
Seremos somente, não, serei mestre em cores
E venenos.
Annie, não deixes que o tempo envelheça
Sobre os teus lábios
Que encobrem o mistério mais audaz da minha vida.
É o virar do Verão,
O acrobático cair dos gladíolos.
Todos os venenos estão contados,
Menos aqui onde o povo manda no rio Almançor:
Vieram as alfaias, os punhos de terra ocra
E na terra em sangue, entre o basalto que
Não há e os pássaros, entre as charruas vedras,
O povo mudou o trajecto das águas,
E as águas, Annie, já não são corruptas:
Cheiram a corpo descalço e a mel,
Cheiram a pão.
O povo manda no rio, aqui estou
Com Annie nas margens do bucólico rio Almançor.
Agora conheço, sabemos o peso do trigo,
Somos, não, sou, perdão,
Não quero ser perito em almas (em ervas),
Seremos somente, não, serei mestre em cores
E venenos.
Annie, não deixes que o tempo envelheça
Sobre os teus lábios
Que encobrem o mistério mais audaz da minha vida.
É o virar do Verão,
O acrobático cair dos gladíolos.
Todos os venenos estão contados,
Menos aqui onde o povo manda no rio Almançor:
Vieram as alfaias, os punhos de terra ocra
E na terra em sangue, entre o basalto que
Não há e os pássaros, entre as charruas vedras,
O povo mudou o trajecto das águas,
E as águas, Annie, já não são corruptas:
Cheiram a corpo descalço e a mel,
Cheiram a pão.
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Antero de Quental
O Inconsciente
O espectro familiar que anda comigo
Sem que pudesse ainda ver-lhe o rosto,
Que umas vezes encaro com desgosto...
E outras muitas ansioso espreito e sigo,
É um espectro mudo, grave, antigo,
Que parece a conversas mal disposto...
Ante esse vulto, ascético e composto,
Mil vezes abro a boca ... e nada digo.
Só uma vez ousei interrogá-lo:
Quem és, (lhe perguntei com grande abalo)
Fantasma a quem odeio e a quem amo?
- Teus irmãos, (respondei) os vãos humanos,
chamam-me Deus, há mais de dez mil anos...
Mas eu por mim não sei como me chamo..
Sem que pudesse ainda ver-lhe o rosto,
Que umas vezes encaro com desgosto...
E outras muitas ansioso espreito e sigo,
É um espectro mudo, grave, antigo,
Que parece a conversas mal disposto...
Ante esse vulto, ascético e composto,
Mil vezes abro a boca ... e nada digo.
Só uma vez ousei interrogá-lo:
Quem és, (lhe perguntei com grande abalo)
Fantasma a quem odeio e a quem amo?
- Teus irmãos, (respondei) os vãos humanos,
chamam-me Deus, há mais de dez mil anos...
Mas eu por mim não sei como me chamo..
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William Shakespeare
Trecho de Ricardo II
Acto III, Cena 2
RICARDO
Falemos de sepulcros, vermes, epitáfios,
Sejamos pó, e com pluviosos olhos
Inscrevamos tristeza no seio da terra.
Do nosso testamento aqui tratemos.
E para quê? Que temos que testar,
Salvo o deposto corpo entregue ao túmulo?
Tudo que é nosso e a vida a Bolingbroke advém,
E que diremos nosso senão morte nossa
E esta pequena crosta de singela terra,
Que serve só para cobrir os ossos?
Ali, por amor de Deus, sentemo-nos no chão,
Contando histórias tristes da morte dos Reis:
Como têm sido alguns depostos; outros
Caíram em combate, alguns possessos
Pelos fantasmas que deposto haviam;
Outros, envenenados por esposas,
Enquanto outros, dormindo, foram mortos:
Assassinados todos. Pois dentro da Coroa
Que as têmperas mortais de um Rei circunda
Tem sua Corte a Morte, e lá está o Bobo
Zombando de seu Estado, e rindo-lhe da pompa,
Permitindo um suspiro, ou uma cena breve,
Que monarquize, o temam, mate com olhares,
Embebendo-o de estultas presunções,
Como se a carne que muralha a vida
Nos fosse inexpugnável bronze: oh, ilusão!
Quando ela vem por fim, e com um alfinete
Perfura os muros do Castelo... e adeus Rei.
Cobri-vos. Não troceis da carne e osso,
Com reverências solenes. Deitai fora
Respeito, as tradições, as etiquetas,
Porque me haveis julgado o que não sou:
Vivo de pão, qual um de vós. E sinto faltas,
Procuro amigos, sofro dores. Assim sujeito,
Corno podeis dizer-me que sou Rei?
(tradução
de Jorge de Sena)
RICARDO
Falemos de sepulcros, vermes, epitáfios,
Sejamos pó, e com pluviosos olhos
Inscrevamos tristeza no seio da terra.
Do nosso testamento aqui tratemos.
E para quê? Que temos que testar,
Salvo o deposto corpo entregue ao túmulo?
Tudo que é nosso e a vida a Bolingbroke advém,
E que diremos nosso senão morte nossa
E esta pequena crosta de singela terra,
Que serve só para cobrir os ossos?
Ali, por amor de Deus, sentemo-nos no chão,
Contando histórias tristes da morte dos Reis:
Como têm sido alguns depostos; outros
Caíram em combate, alguns possessos
Pelos fantasmas que deposto haviam;
Outros, envenenados por esposas,
Enquanto outros, dormindo, foram mortos:
Assassinados todos. Pois dentro da Coroa
Que as têmperas mortais de um Rei circunda
Tem sua Corte a Morte, e lá está o Bobo
Zombando de seu Estado, e rindo-lhe da pompa,
Permitindo um suspiro, ou uma cena breve,
Que monarquize, o temam, mate com olhares,
Embebendo-o de estultas presunções,
Como se a carne que muralha a vida
Nos fosse inexpugnável bronze: oh, ilusão!
Quando ela vem por fim, e com um alfinete
Perfura os muros do Castelo... e adeus Rei.
Cobri-vos. Não troceis da carne e osso,
Com reverências solenes. Deitai fora
Respeito, as tradições, as etiquetas,
Porque me haveis julgado o que não sou:
Vivo de pão, qual um de vós. E sinto faltas,
Procuro amigos, sofro dores. Assim sujeito,
Corno podeis dizer-me que sou Rei?
(tradução
de Jorge de Sena)
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