
Gabino-Alejandro Carriedo
Poeta español cuya obra se caracteriza por una profunda reflexión sobre la condición humana, el paso del tiempo y la búsqueda de sentido. Sus versos, a menudo cargados de melancolía y una sutil musicalidad, exploran la intimidad del ser y su relación con el universo. A través de un lenguaje cuidado y una imaginería evocadora, Carriedo se adentra en los misterios de la existencia, la memoria y el amor, creando un universo poético singular y conmovedor que ha dejado una huella importante en la poesía contemporánea española.
11440
0
0
Breve Historia De Los Muertos
Los hombres que murieron se aparecen
en el transcurso de las santas noches.
Llevan como un son lento de campanas
en las peladas piernas
y, si hablan, aseguran que hay un mundo
que nadie conocemos.
Vienen de lejos y andan por las trochas
como dolientes algas;
verdes están los hombres que murieron
lo mismo que estálo el río;
guardan recuerdos que no olvidan
y, lentos, cruzan lentamente
aquella esquina oscura que descubren,
aquella calle fría y solitaria
el patio aquel de la mansión,
el corredor envuelto en nubes,
la habitación aquella en que soñaron,
la vida toda, espeluznante y tonta.
Los muertos salen por la noche
acicalados y recién planchados
y con temor se acercan de hacer ruido
para tocar la silla en que sentaban,
la mesilla de noche y el tintero
y hasta el plumero para el polvo.
Luego, como si nada sucediera o hubiera
sucedido una vez,
abren las cartas que llegaron tarde,
concluyen la lectura del periódico
del día de su fallecimiento,
hurgan un poco en la despensa,
contemplan a los hijos que reposan
y se van por la puerta, sigilosos,
un algo tristes, pero confortados
porque no hay novedad, porque aun sin ellos,
parece que todo marcha,
pues está recogida la cocina
y el grifo no gotea.
en el transcurso de las santas noches.
Llevan como un son lento de campanas
en las peladas piernas
y, si hablan, aseguran que hay un mundo
que nadie conocemos.
Vienen de lejos y andan por las trochas
como dolientes algas;
verdes están los hombres que murieron
lo mismo que estálo el río;
guardan recuerdos que no olvidan
y, lentos, cruzan lentamente
aquella esquina oscura que descubren,
aquella calle fría y solitaria
el patio aquel de la mansión,
el corredor envuelto en nubes,
la habitación aquella en que soñaron,
la vida toda, espeluznante y tonta.
Los muertos salen por la noche
acicalados y recién planchados
y con temor se acercan de hacer ruido
para tocar la silla en que sentaban,
la mesilla de noche y el tintero
y hasta el plumero para el polvo.
Luego, como si nada sucediera o hubiera
sucedido una vez,
abren las cartas que llegaron tarde,
concluyen la lectura del periódico
del día de su fallecimiento,
hurgan un poco en la despensa,
contemplan a los hijos que reposan
y se van por la puerta, sigilosos,
un algo tristes, pero confortados
porque no hay novedad, porque aun sin ellos,
parece que todo marcha,
pues está recogida la cocina
y el grifo no gotea.
352
0
Más como esta
Véase también
Escritas.org