

Olga Orozco
Olga Orozco fue una destacada poeta, ensayista y traductora argentina, reconocida por su profunda exploración de la condición humana, el tiempo y la memoria. Su obra se caracteriza por una singular combinación de lirismo, misterio y una aguda reflexión filosófica, a menudo teñida de una melancolía existencial. Considerada una de las voces más importantes de la poesía latinoamericana del siglo XX, Orozco construyó un universo poético enigmático y personal, donde los símbolos y las imágenes oníricas dialogan con una realidad a la vez tangible e inasible. Su escritura invita a la introspección y a la confrontación con los grandes interrogantes de la vida.
1920-03-17 La Pampa
1999-08-15 Buenos Aires
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Las Muertes
He aquí unos muertos cuyos huesos no blanqueará la lluvia,
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso de la piel
del lagarto,
inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz de alguna
lágrima;
arena sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los infames lechos
vendidos por la dicha,
porque sólo acataron una ley más ardiente que la
ávida gota de salmuera.
Esa y no cualquier otra.
Esa y ninguna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros de nuestra vida.
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso de la piel
del lagarto,
inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz de alguna
lágrima;
arena sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los infames lechos
vendidos por la dicha,
porque sólo acataron una ley más ardiente que la
ávida gota de salmuera.
Esa y no cualquier otra.
Esa y ninguna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros de nuestra vida.
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