

Pedro Salinas
Pedro Salinas fue una figura central de la Generación del 27, destacándose por una poesía lírica e intelectual que exploró las profundidades del amor, el conocimiento y la conciencia del yo. Su obra se caracteriza por una aguda reflexión sobre la realidad y la experiencia humana, utilizando un lenguaje depurado y una imaginería innovadora que fusiona lo cotidiano con lo metafísico. Reconocido tanto por su labor académica como por su singular voz poética, Salinas dejó un legado que influyó en generaciones posteriores de poetas, consolidándose como uno de los máximos exponentes de la poesía española del siglo XX.
1891-11-27 Madrid
1951-12-04 Boston, EUA
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La Concha
Tersa, pulida, rosada
¡cómo la acariciarían,
sí, mejilla de doncella!
Entreabierta, curva, cóncava,
su albergue, encaracolada,
mi mirada se hace dentro.
Azul, rosa, malva, verde,
tan sin luz, tan irisada,
tardes, cielos, nubes, soles,
crepúsculos me eterniza.
En el óvalo de esmalte
rectas sutiles, primores
de geometría en gracia,
la solución le dibujan,
sin error, a aquel problema
propuesto
en lo más hondo del mar.
Pero su hermosura, inútil,
nunca servirá. La cogen,
la miran, la tiran ya.
Desnuda, sola, bellísima
la venera, eco de mito,
de carne virgen, de diosa,
su perfección sin amante
en la arena perpetúa.
¡cómo la acariciarían,
sí, mejilla de doncella!
Entreabierta, curva, cóncava,
su albergue, encaracolada,
mi mirada se hace dentro.
Azul, rosa, malva, verde,
tan sin luz, tan irisada,
tardes, cielos, nubes, soles,
crepúsculos me eterniza.
En el óvalo de esmalte
rectas sutiles, primores
de geometría en gracia,
la solución le dibujan,
sin error, a aquel problema
propuesto
en lo más hondo del mar.
Pero su hermosura, inútil,
nunca servirá. La cogen,
la miran, la tiran ya.
Desnuda, sola, bellísima
la venera, eco de mito,
de carne virgen, de diosa,
su perfección sin amante
en la arena perpetúa.
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