
Bartolomé Leonardo de Argensola
Bartolomé Leonardo de Argensola fue un destacado poeta, historiador y humanista español del Siglo de Oro. Hermano gemelo del también poeta Lupercio Leonardo de Argensola, ambos compartieron una sólida formación humanística y una notable influencia de la poesía clásica y renacentista italiana. Su obra poética, marcada por la contención, la elegancia y la reflexión moral, se distingue por su maestría formal y su profundidad conceptual, abordando temas como el paso del tiempo, la fugacidad de la gloria y la condición humana. Además de su labor poética, Argensola destacó como historiador, siendo cronista de Aragón, y como filólogo, contribuyendo al estudio y difusión de la literatura clásica.
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Filis, Naturaleza
Filis, naturaleza
pide la ostentación y los olores
para sus nuevas flores
a la fértil verdad de tu belleza
y que en meses ajenos
pródigas abran su temor los senos.
De tu cerviz reciba
cándido lustre el de la rosa pura,
como animar procura
su carmesí en tu rostro la más viva;
den tus labios crueles
púrpura más soberbia a los claveles.
El cogollo más tierno
crezca con ambición de formar selva,
tan firme, que, aunque vuelva
a herirla por asaltos el hibierno,
ni le marchite el brío,
ni agrave más sus hojas que el rocío.
Por ti con los jardines
más prósperos compiten estas peñas,
que entre gramas risueñas
te producen violetas y jazmines,
para que de los dones
que tu hermosura influye la corones.
Ya, al favor de tus ojos,
entre frutos pendientes, el otubre
segunda flor descubre,
y te ofrece esperanzas y despojos,
porque en entrambas suertes
anticipados regocijos viertes.
Mas, ¡ay!, que cuando inspiras
el no esperado honor con que se apresta
para ti la floresta,
haciendo en el vigor de cuanto miras
tan dichosa mudanza,
mísera yace y sola mi esperanza.
pide la ostentación y los olores
para sus nuevas flores
a la fértil verdad de tu belleza
y que en meses ajenos
pródigas abran su temor los senos.
De tu cerviz reciba
cándido lustre el de la rosa pura,
como animar procura
su carmesí en tu rostro la más viva;
den tus labios crueles
púrpura más soberbia a los claveles.
El cogollo más tierno
crezca con ambición de formar selva,
tan firme, que, aunque vuelva
a herirla por asaltos el hibierno,
ni le marchite el brío,
ni agrave más sus hojas que el rocío.
Por ti con los jardines
más prósperos compiten estas peñas,
que entre gramas risueñas
te producen violetas y jazmines,
para que de los dones
que tu hermosura influye la corones.
Ya, al favor de tus ojos,
entre frutos pendientes, el otubre
segunda flor descubre,
y te ofrece esperanzas y despojos,
porque en entrambas suertes
anticipados regocijos viertes.
Mas, ¡ay!, que cuando inspiras
el no esperado honor con que se apresta
para ti la floresta,
haciendo en el vigor de cuanto miras
tan dichosa mudanza,
mísera yace y sola mi esperanza.
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