Todo hombre, por naturaleza, desea saber.
No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.
Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo.
Las enseñanzas orales deben acomodarse a los hábitos de los oyentes.
Dondequiera que haya un mejor y un peor, la prioridad está de parte de lo mejor.
Los dialécticos y los sofistas, en sus disquisiciones, se revisten de la apariencia de filósofos.
Si nada hay eterno, no es posible la producción ni la generación.
A fuerza de construir bien, se llega a buen arquitecto.
No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje.
Tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes.