Lista de Poemas

No anheles impaciente el bien futuro: mira que ni el presente está seguro
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El Cuervo Y El Zorro

En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico,
estaba el señor Cuervo.
Del olor atraído
un Zorro muy maestro,
le dijo estas palabras,
a poco más o menos:
«Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño;
vaya que estáis donoso,
mono, lindo en extremo;
yo no gasto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
juro a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tú serás el fénix
de sus vastos imperios».
Al oír un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,
dejó caer el queso;
el muy astuto Zorro,
después de haberle preso,
le dijo: «Señor bobo,
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo como el queso».

Quien oye aduladores,
nunca espere otro premio.
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La Gallina De Los Huevos De Oro

Érase una Gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla el vientre de contado;
pero, después de haberla registrado,
¿qué sucedió? que muerta la Gallina,
perdió su huevo de oro y no halló la mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones.
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La Zorra Y Las Uvas

Es voz común que a más del mediodía,
en ayunas la Zorra iba cazando;
halla una parra, quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.

Causábala mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaduras,
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la Zorra dijo:
«No las quiero comer. No están maduras».

No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento:
aplica bien el cuento,
y di: No están maduras, frescamente.
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El Hombre Y La Culebra

A una Culebra que, de frío yerta,
en el suelo yacía medio muerta
un labrador cogió; mas fue tan bueno,
que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
a su gran bienhechor traidora mata.
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El Zagal Y Las Ovejas

Apacentando un Joven su ganado,
gritó desde la cima de un collado:
«¡Favor!, que viene el lobo, labradores».
Éstos, abandonando sus labores,
acuden prontamente,
y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a clamar, y temen la desgracia;
segunda vez los burla. ¡Linda gracia!
Pero ¿qué sucedió la vez tercera?
Que vino en realidad la hambrienta fiera.
Entonces el Zagal se desgañita,
y por más que patea, llora y grita,
no se mueve la gente escarmentada,
y el lobo le devora la manada.

¡Cuántas veces resulta de un engaño,
contra el engañador el mayor daño!
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La Cigarra Y La Hormiga

Cantando la cigarra
pasó el verano entero
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: «Doña hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo».
La codiciosa hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
«¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?».
«Yo», dijo la cigarra,
«a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento».
«¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?

Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo».
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La Lechera

Llevaba en la cabeza
una Lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz Lechera,
y decía entre sí de esta manera:

«Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.

»Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

»Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña».

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.
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El León Y El Ratón

Estaba un ratoncillo aprisionado
en las garras de un león; el desdichado
en la tal ratonera no fue preso
por ladrón de tocino ni de queso,
sino porque con otros molestaba
al león, que en su retiro descansaba.
Pide perdón, llorando su insolencia;
al oír implorar la real clemencia,
responde el rey en majestuoso tono
—no dijera más Tito—: «Te perdono».
Poco después cazando el león tropieza
en una red oculta en la maleza:
quiere salir, mas queda prisionero;
atronando la selva ruge fiero.
El libre ratoncillo, que lo siente,
corriendo llega: roe diligente
los nudos de la red de tal manera,
que al fin rompió los grillos de la fiera.

Conviene al poderoso
para los infelices ser piadoso;
tal vez se puede ver necesitado
del auxilio de aquel más desdichado.
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El Perro Y El Cocodrilo

Bebiendo un perro en el Nilo
al mismo tiempo corría.
—Bebe quieto—le decía
un taimado cocodrilo.
Díjole el perro prudente:
—Dañoso es beber y andar,
¿pero es sano el aguardar
a que me claves el diente?.
¡Oh, qué docto perro viejo!
Yo venero tu sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.
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Identificación y contexto básico

Félix María de Samaniego y Urbina fue un escritor español. Nació en Laguardia (Álava) el 12 de octubre de 1745 y falleció en la misma localidad el 12 de agosto de 1801. Provenía de una familia hidalga y poseía el título de III conde de Samaniego. Escribió en español.

Infancia y formación

Estudió en el Real Seminario de Vergara, donde recibió una formación ilustrada. Allí tuvo contacto con las ideas de la Ilustración y se familiarizó con la literatura clásica y moderna. Su formación intelectual estuvo marcada por el espíritu de la época.

Trayectoria literaria

La obra más importante de Samaniego es *Fábulas morales*, publicada en dos volúmenes, el primero en 1781 y el segundo en 1784. Estas fábulas, inspiradas en autores clásicos como Esopo y Fedro, así como en el francés La Fontaine, le valieron reconocimiento. Samaniego también fue miembro de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Obra, estilo y características literarias

Las *Fábulas morales* de Samaniego se caracterizan por su brevedad, su estilo conciso y su ingenio. Utiliza animales y objetos personificados para ilustrar enseñanzas y críticas sobre la sociedad de su tiempo, abordando temas como la vanidad, la avaricia, la hipocresía y la estupidez. La moraleja final de cada fábula es clara y directa, buscando la reflexión del lector. Su verso suele ser octosílabo y de rima asonante o consonante, con una métrica ágil y musical.

Contexto cultural e histórico

Samaniego vivió en pleno siglo XVIII, el Siglo de las Luces, una época de profundas transformaciones intelectuales y culturales en España. Su obra se inscribe dentro de la corriente de la Ilustración, con un claro propósito didáctico y moralizante. Fue contemporáneo de otros importantes escritores ilustrados españoles.

Vida personal

Miembro de la nobleza, tuvo acceso a una educación privilegiada. Sus actividades estuvieron ligadas a la vida cultural y social de su tiempo, participando en instituciones como la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, que promovía el progreso y la cultura.

Reconocimiento y recepción

Las *Fábulas morales* tuvieron una gran acogida y se convirtieron en un libro de texto escolar de gran difusión, lo que atestigua su éxito y la utilidad percibida de su mensaje didáctico. Fue reconocido por su habilidad para adaptar el género de la fábula a la realidad española.

Influencias y legado

La principal influencia en Samaniego fue la tradición fabulística clásica y francesa, especialmente La Fontaine. Su legado reside en haber popularizado la fábula en España como un vehículo de crítica social y enseñanza moral, dejando una obra que perduró en el ámbito educativo durante mucho tiempo.

Interpretación y análisis crítico

Las fábulas de Samaniego son analizadas por su valor didáctico, su crítica social velada y su maestría en el uso del lenguaje y la forma poética. Su capacidad para condensar enseñanzas complejas en relatos sencillos es un aspecto fundamental de su obra.

Infancia y formación

Aunque es conocido principalmente por sus fábulas, su producción literaria también incluyó otros escritos. Su título nobiliario y su pertenencia a la aristocracia contrastan con la crítica social que a menudo se desprende de sus relatos, mostrando una faceta más compleja.

Muerte y memoria

Félix María de Samaniego falleció en 1801, dejando un importante legado literario, especialmente a través de sus fábulas, que se mantuvieron como lectura habitual en las escuelas españolas durante décadas.