Idioma
La vejez se consuela dando buenos consejos de su incapacidad de dar malos ejemplos.
Por muy bien que hablen de nosotros, no nos dicen nada nuevo.
Los hombres son como las estatuas: hay que verlas en su sitio.
Si de algunos hombres no aparece el lado ridículo es que no lo hemos buscado bien.
Al orgullo no le gusta deber; y al amor propio no le gusta pagar.
Para hacerse una posición en el mundo es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene.
Pensamos que los demás tienen razón sólo cuando opinan lo mismo que nosotros.
La confesión de los pequeños defectos es, muchas veces, un deseo de dar a entender que no tenemos otros mayores.
NoComments