Lista de Poemas

Alta traición, de No me preguntes cómo pasa el tiempo

No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
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Elogio del jabón

El objeto más bello y más limpio de este mundo es el jabón oval que
sólo huele a sí mismo. Trozo de nieve tibia o marfil inocente, el
jabón resulta lo servicial por excelencia. Dan ganas de conservarlo
ileso, halago para la vista, ofrenda para el tacto y el olfato. Duele
que su destino sea mezclarse con toda la sordidez del planeta.
En un instante celebrará sus nupcias con el agua, esencia de
todo. Sin ella el jabón no sería nada, no justificaría su indispensable
existencia. La nobleza de su vínculo no impide que sea destructivo
para los dos.
Inocencia y pureza van a sacrificarse en el altar de la inmundicia.
Al tocar la suciedad del planeta ambos, para absolvernos,
dejarán su condición de lirio y origen para ser habitantes de las
alcantarillas y lodo de la cloaca.
También el jabón por servir se acaba y se acaba sirviendo. Cumplido
su deber será laja viscosa, plasta informe contraria a la perfección
que ahora tengo en la mano.
Medios lustrales para borrar la pesadumbre de ser y las
corrupciones de estar vivos, agua y jabón al redimirnos de la noche
nos bautizan de nuevo cada mañana. Sin su alianza sagrada, no tardaríamos
en descender a nuestro infierno de bestias repugnantes.
Lo sabemos, preferimos ignorarlo y no darle las gracias.
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Nacemos sucios, terminaremos como trozos de abyecta podredumbre.
El jabón mantiene a raya las señales de nuestra asquerosidad primigenia,
desvanece la barbarie del cuerpo, nos permite salir una y otra
vez de las tinieblas y el pantano.
Parte indispensable de la vida, el jabón no puede estar exento
de la sordidez común a lo que vive. Tampoco le fue dado el no ser
cómplice del crimen universal que nos ha permitido estar un día
más sobre la Tierra.
Mientras me afeito y escucho un concierto de cámara, me niego a
recordar que tanta belleza sobrenatural, la música vuelta espuma del
aire, no sería posible sin los árboles destruidos (los instrumentos
musicales), el marfil de los elefantes (el teclado del piano), las tripas
de los gatos (las cuerdas).
Del mismo modo, no importan las esencias vegetales, las sustancias
químicas ni los perfumes añadidos: la materia prima del
jabón impoluto es la grasa de los mataderos. Lo más bello y lo más
pulcro no existirían si no estuvieran basados en lo más sucio y en lo
más horrible. Así es y será siempre por desgracia.
Jabón también el olvido que limpia del vivir y su exceso. Jabón la
memoria que depura cuanto inventa como recuerdo. Jabón la palabra
escrita. Poesía impía, prosa sarnosa. Lo más radiante encuentra
su origen en lo más oscuro. Jabón la lengua española que lava en el
poema las heridas del ser, las manchas del desamparo y el fracaso.
Contra el crimen universal no puedo hacer nada. Aspiro el aroma a
nuevo del jabón. El agua permitirá que se deslice sobre la piel y nos
devuelva una inocencia imaginaria.
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Arbol entre dos muros, de Los elementos de la noche

Sitiado entre dos noches
el día alza su espada de claridad:
mar de luz que se levanta afilándose,
selva que aísla del reloj al minuto.

Mientras avanza el día se devora.
Y cuando toca la frontera en llamas
empieza a calcinarse. De tu nombre
brotan la luna y su radiante armada,
islas que surgen para destruirse.

Es medianoche a la mitad del siglo.
Resuena el huracán, el viento en fuga.
Todo nos interroga y recrimina.
Pero nada responde.
Nada persiste contra el fluir del día.

Al centro de la noche todo acaba
y todo recomienza.
En la savia profunda flota el árbol.
Atrás el tiempo lucha con el cielo.
El fuego se arrodilla a beber rescoldos.
La única luz es la que da el relámpago.
Y tú eres la arboleda
en que el trueno sepulta su rezongo.
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Identificación y contexto básico

José Emilio Pacheco fue un destacado poeta, ensayista, narrador, traductor y académico mexicano. Su obra abarca una profunda reflexión sobre el tiempo, la memoria, la identidad y la condición humana en el mundo moderno. Se le reconoce por su lirismo introspectivo, su lenguaje preciso y su habilidad para integrar elementos de la alta cultura con la cultura popular.

Infancia y formación

Nacido en la Ciudad de México, Pacheco creció en un ambiente intelectualmente estimulante. Su formación estuvo marcada por una intensa lectura y un profundo interés por la literatura, la historia y la filosofía. Fue influenciado por la tradición poética en español, así como por las vanguardias y la literatura universal. Desarrolló un pensamiento crítico desde temprana edad.

Trayectoria literaria

Comenzó su carrera literaria muy joven, publicando sus primeros poemas y cuentos en revistas literarias a finales de la década de 1950. Su obra evolucionó a lo largo de las décadas, explorando diferentes etapas y registros, pero siempre manteniendo una coherencia temática y estilística. Participó activamente en la vida cultural mexicana, colaborando en numerosas publicaciones y antologías.

Obra, estilo y características literarias

Su obra poética principal incluye títulos como *Las batallas en el desierto* (1981), *Miro la tierra* (1986) y *Ciudad de la memoria* (1995). Temas recurrentes son el paso del tiempo, la fugacidad de la vida, la memoria histórica y personal, la identidad, el amor y la muerte. Su estilo se caracteriza por la concisión, la musicalidad, el uso de metáforas precisas y una aparente sencillez que esconde una gran profundidad. Abordó tanto el verso libre como formas más tradicionales, pero siempre con una voz personal y reflexiva. Su lenguaje es accesible pero cargado de resonancias.

Contexto cultural e histórico

Pacheco vivió y escribió durante un periodo de importantes transformaciones sociales y políticas en México y el mundo. Su obra dialoga con la historia reciente de su país, las crisis sociales y la influencia de la cultura de masas. Fue una figura central de la Generación de los años cincuenta y sesenta en México, y su obra se enmarca en la posmodernidad literaria. Su compromiso cívico se manifestó a través de su escritura y su activismo cultural.

Vida personal

Aunque mantuvo una vida personal discreta, sus experiencias vitales, sus relaciones y su profunda conexión con la ciudad de México nutrieron su obra. Fue un observador agudo de la vida cotidiana y de las complejidades de las relaciones humanas. Sus reflexiones sobre la existencia y la memoria están intrínsecamente ligadas a su propia biografía y a su percepción del mundo.

Reconocimiento y recepción

José Emilio Pacheco fue uno de los poetas más reconocidos de la literatura mexicana e hispanoamericana del siglo XX. Recibió numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes en 2009. Su obra ha sido objeto de amplio estudio crítico y ha gozado de gran popularidad entre lectores y académicos por su calidad estética y su profundidad temática.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, E. E. Cummings y T. S. Eliot. Su legado es inmenso, habiendo influido a generaciones posteriores de poetas en México y América Latina. Su obra es fundamental para entender la poesía mexicana contemporánea y su incursión en el canon literario es indiscutible. Sus traducciones y su labor como difusor de la cultura también son parte de su legado.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Pacheco ha sido interpretada desde diversas perspectivas, destacando su análisis del tiempo, la melancolía, la crítica social implícita y su habilidad para capturar la esencia de la experiencia humana. Sus poemas invitan a la reflexión sobre la fugacidad, la pérdida y la búsqueda de sentido en un mundo cambiante.

Infancia y formación

A pesar de su reconocimiento, Pacheco mantuvo una actitud humilde y a menudo esquiva ante el protagonismo mediático. Era conocido por su disciplina de escritura y su meticulosa revisión de textos. Su profundo conocimiento de diversas disciplinas se reflejaba en la erudición sutil de su obra.

Muerte y memoria

Falleció en la Ciudad de México. Su muerte dejó un vacío en la literatura en español, pero su obra sigue viva y su memoria es honrada a través de estudios, ediciones y la lectura de sus poemas, que continúan resonando con fuerza.