Lista de Poemas

Donde abunda el agua dulce en la superficie del mar, es seguro presagio de la creación de una isla, que se descubrirá tanto más tarde o tanto más temprano, cuanto menor o mayor sea la cantidad de agua que surge.
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Y una isla se formará también por la acumulación de tierra o de rocas descompuestas, causada por un curso subterráneo de agua en los sitios en que se detiene.
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La tierra que arrastran los ríos se descarga en su desembocadura, es decir, que esa tierra, arrancada de la parte superior de su curso, se deposita en los últimos bajíos de su carrera.
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Los cursos subterráneos del agua, así como los que se deslizan entre el aire y la tierra, desgastan y profundizan constantemente sus lechos.
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Siendo los hechos más antiguos que las letras, no es de extrañar que en nuestros días no se encuentre ninguna descripción escrita sobre los mares que ocuparon tantos países; y si alguna escritura aparecía, las guerras, los incendios, los diluvios de agua, las mutaciones de lenguas y de leyes han consumido toda antigüedad; pero nos bastan los testimonios de los seres nacidos en aquellas aguas saladas y que encontramos en altos montes alejados de los mares de entonces.
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Gracias a la esfera acuosa que la envuelve en gran parte, resplandece en el universo como un simulacro del Sol y a la manera de todas las demás estrellas de cuyo conjunto forma parte.

La Tierra es una estrella

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Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras insidias; miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y simulacros.
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Pero cuidad de no hacer como en algunas regiones de la India, donde, si alguno de tales simulacros opera un milagro, o lo que allí creen ser un milagro, los sacerdotes lo cortan en trozos (son de madera) y lo venden a los habitantes; y cada uno pulveriza la parte que le ha tocado, la esparce sobre el primer manjar que come y se queda persuadido de haber devorado su Santo, que lo protegerá de todo peligro.
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La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma que media entre el hombre y Dios.
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¡Oh, contemplador!, yo no te ensalzo porque conoces las cosas ordinarias que la naturaleza dirige por sí misma; pero te envidio cuando alcanzas a descubrir el fin de las cosas impresas en tu mente.
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