Lista de Poemas

Diario De Un Seductor

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:

desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.
533

La Maldad Nace De La Supresión Hipócrita Del Gozo

LA MALDAD NACE DE LA SUPRESIÓN HIPÓCRITA DEL GOZO

«Jois e Jovens n'es trichaire

e malvestatz es d'aqui»

MARCABRÚ



Una cucaracha recorre el jardín húmedo

de mi chambre y circula por entre las botellas vacías:

la miro a los ojos y veo tus dos ojos

azules, madre mía.

Y canta, cantas por las noches parecida a la locura,


velas

con tu maldición para que no me caiga dormido, para que no me
olvide

y esté despierto para siempre frente a tus dos ojos,

madre mía.

489

El Circo

Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.


Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma. Mi

hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.
479

Pavane Pour Un Enfant Défunt

PAVANE POUR UN ENFANT DÉFUNT

A mi tía Margot



Se diría que está aún en la balaustra del
balcón

mirando a nadie, llorando,

Se diría que eres aún visto como siempre

que eres aún en la tierra un niño difunto.

Se diría, se arriesga

el poema por alguien

como un disparo de pistola,

en la noche, en la noche sembrada

de ojos desiertos, los ojos solos

de monstruos. Todos nosotros somos

niños muertos, clavados en la balaustra como por encanto,

como sólo saben esperar los muertos.

Se diría que has muerto y eres alguien por fin,

un retrato en la pared de los muertos,

un retrato de cumpleaños con velas para los muertos.

Pero a nadie le importan los niños, los muertos,

a nadie los niños que viajan solos por el país de los
muertos,

y para qué, te dices, abrir los ojos al país de los
ciegos,


abrir los ojos hoy,

mañana, para siempre. Era mejor Oeste, tierras vírgenes,


héroes en los ojos

de un cine desesperado, y los dioses que matan a los


hombres feroces,

los dioses más feroces que los hombres

los dioses crueles de la infancia, los dioses

de la inocente crueldad, pensabas que se alimentan de ciegos

y de quienes mendigan su ser en una picaresca sórdida,

si hombres hay, homicida. Pero aventura no hay, lo sabes,

más que por alguien, para alguien, como un poema,

como el riesgo de un vuelo en el aire sin tránsito. Y es por ello

por lo que no hay infancia en el país desierto. Por ello
también

por lo que nadie podría jamás sospechar que conservas esa

belleza demente de la infancia, ese furor contra lo útil de tu
cuerpo,

y esa mudez en los ojos, esa belleza

sólo vendible al cielo del suicidio, sólo a esos ojos:
esa existencia.

Pero la vida sigue como el puente de Eliot,

como un puente de muertos o un flujo

de sombras que se cogen

de la mano ciega en el lodo para saber que están muertos y
viven.


Esa vida de la que hablan

en el infierno, entre sí los muertos, los alucinados, los
absurdos,

los orgullosos sonámbulos disputando con sangre

una certeza alucinante; es un fuerte dios pardo.

Una basta tragedia que hacen

por navidades, los viejecitos, los difuntos,

con personas de olvido, con máscaras y ritos de otros tiempos,

rótulos de neón y fuegos fatuos: así obra desde
entonces,

desde entonces, esa raza

misteriosa que pasa a tu lado sin mirarte o mirarse,

desde entonces, desde el día primero

en que te asomaste con pánico a su delirio. Desde que viven,
quizá,

desde que no hay tiempo sino destino y trazo

de vida invulnerable a la decisión de una mirada fuerte.

Quien es visto o quien cae en ese río sordo

es lo mismo, es un muerto

que se levanta día tras día para

mendigar la mirada.

Porque todos llevamos dentro un niño muerto, llorando,

que espera también esta mañana, esta tarde como siempre

festejar con los Otros, los invisibles, los lejanos

algún día por fin su cumpleaños.

432

Pasadizo Secreto

Oscuridad nieve buitres desespero oscuridad nueve buitres nieve
buitres castillos (murciélagos) os
curidad nueve buitres deses
pero nieve lobos casas
abandonadas ratas desespero o
scuridad nueve buitres des
"buitres", "caballos", "el monstruo es verde", "desespero"
bien planeada oscuridad
Decapitaciones.
584

A Claudio Rodríguez

A CLAUDIO RODRÍGUEZ...

A Claudio Rodríguez, recordando el día en que, con un

cigarrillo temblándole en los labios, me dijo, en el Drugstore

de Fuencarral, «a esta gente hay que ganarla».



Aun cuando tejí mi armadura de acero

el terror en mis ojos muertos.

Aun cuando con mano blanca y nula

hice de silencio tus orines

y la nieve cae aún sobre mi cuerpo

pese a ello se impone un silencio aún más hondo

a los clavos que habían horadado mi cráneo:

aun cuando sean huesos quizá lo que no tiembla

aun cuando el musgo concluye mi pecho¹

el terror remueve las cuencas vacías.



¹ Este poema puede leerse también con la siguiente variante:


Aun cuando el musgo es certeza en mi pecho

509

Glosa A Un Epitafio (carta Al Padre)

Samuel Butler, Pescador de muertos.



Solos tú y yo, e irremediablemente

unidos por la muerte: torturados aún por

fantasmas que dejamos con torpeza

arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos

del sudario, pero ambos muertos, y seguros

de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano

con el turbio negocio de los datos: mudo,

el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo

ese otro juego del alma que ya a nada responde,

que lucha con su sombra en el espejo-solos,

caídos frente a él y viendo

detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal
asombrados

por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven

y dicen conocernos, y nos llaman

por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el

viscoso templo de lo humano!


Y sin embargo

solos los dos, y unidos por el frío

que apenas roza brillante envoltura

solos los dos en esta pausa

eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura

como la piedra, solos los dos, y amándonos

sobre el lecho de la pausa, como se aman


los muertos

«amó», dijiste, autorizado por la muerte

porque sabías de ti como de una tercera persona

bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)

en tu vaso de whiski

amo bebió, dijiste, pero ahora espera

¿espera? y en efecto la resurrección

desde un cristal inválido te avisa

que con armas nuestra muerte florece


para ti que sólo

sabías de la muerte. Aquí

¿debajo o por encima?


de esta piedra

tú que doraste la sobrenatural dureza y el

dolor sobrenatural de los edificios desnudos


¿en qué perspectiva

—dime— acoger la muerte?


en la mesa de disección

tú que danzaste


enloquecido en la plaza desierta


tropezando

hiriéndote las manos en el trapecio del silencio

en pie contra las hojas muertas que

se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba

obsesivamente tu boca hinchada de borracho,


danzas, danzaste

sin espacio, caído, pero

no quiero errar en la mitología

de ese nombre del padre que a todos nos falta,

porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo
imposible

y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo

corredor donde


retrocedo infatigable, sin

jamás moverme


¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,

en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden

inútilmente de la luz del mundo con las manos,

que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra

de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en

el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,


Y el ave,

el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo

a los mortales que se agitan debajo, diciendo

solo: ABISMO, ABISMO!


Abismo, sí, tibia guarida

de nuestro amor de hermanos, padre.


¡Pero tan solos!

¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra

—como hiedramerlín como niñadecabezacortada como

mujermurciélago la niña que ya es árbol—


crecen hojas

en la foto, y un florecer te arranca

de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre

de nuestro rezo

florecen los muertos florecen

unidos acaso por el sudor helado

muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos

te esperamos ave, ave nacida

de la cabeza que explotó al crepúsculo

ave dibujada en la piedra y llena

de lo posible de la dulzura, de su sabor

ajeno que es más que la vida, de su crueldad

que es más que la vida


¡ira

de la piedra, ira que a la realidad insulta,


que apalea

a la cabaña torpe de la mentira con verbos

que no son, resplandecen, ira

suprema de lo mudo!


(te esperamos

en la delgada orilla de lo que cae, en el prado

nocturno que atraviesan lentos

los elefantes


percibís el frío


la


conspiración de las algas,


gelatina, escamas, mano

que sobresale de la tumba

manos que surgen de la tierra como tallos

surcos arados por la muerte,

cabezas de ahorcados que echan flor:


decapitados que dialogan

a la luz decreciente de las velas,


¡oh quién nos traerá la rima

la música, el sonido que rompa la campana

de la asfixia, y el cristal borroso

de lo posible, la música del beso!


De ese beso, final, padre, en que desaparezcan

de un soplo nuestras sombras, para

asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos

a salvo de los hombres para siempre,

solos yo y tú, mi amada,

aquí, bajo esta piedra.

751

Érase Una Vez

Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño.
835

Blancanieves Se Despide De Los Siete Enanos

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte,
risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba
húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En
la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento
agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a
través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora,
qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios,
qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os
echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que
se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras
otro los árboles se derrumban. Está en venta el
jardín de los cerezos.
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Identificación y contexto básico

Leopoldo María Panero es un poeta español cuya obra se inscribe dentro de la Generación de los Novísimos. Nacido en Madrid, su trayectoria vital y literaria ha estado marcada por una profunda exploración de los aspectos más oscuros y marginales de la existencia.

Infancia y formación

Formó parte de una familia de intelectuales, lo que le proporcionó un entorno cultural propicio, pero también una carga de expectativas que, en su caso, derivó hacia la exploración de los desvíos y la transgresión. Su formación, aunque academicista en sus inicios, pronto se vio eclipsada por una experiencia vital marcada por la marginalidad y la búsqueda de identidades alternativas.

Trayectoria literaria

Panero irrumpió en el panorama literario español como uno de los poetas más representativos de la Generación de los Novísimos, un grupo que buscaba renovar la poesía española con influencias de la cultura anglosajona y un lenguaje más directo. Sus primeros poemarios, como "Lastrizioni" o "Dios", ya apuntaban hacia una temática y un estilo que lo definirían: la exploración del yo, la locura, la sexualidad y la marginalidad.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Panero se caracteriza por su estilo descarnado, provocador y, en ocasiones, brutal. Sus poemas abordan temas como la marginalidad, la drogadicción, la homosexualidad, la locura y la crítica a las convenciones sociales. Utiliza un lenguaje directo, a menudo coloquial y soez, pero también capaz de una gran intensidad lírica. Su poesía es confesional y se nutre de sus propias experiencias, convirtiéndose en un testimonio crudo de su paso por los márgenes de la sociedad. Su obra se aleja de cualquier idealización y busca la verdad en lo más profundo y oscuro del ser humano.

Contexto cultural e histórico

Su obra se desarrolla en el contexto de la España de la Transición y la pos-Transición, un periodo de profundos cambios sociales y culturales. Panero representó una voz discordante y crítica dentro de la Generación de los Novísimos, llevando sus postulados a extremos más oscuros y personales. Su figura se asoció a la contracultura y a la exploración de identidades alternativas en una sociedad que aún luchaba por definirse.

Vida personal

La vida de Leopoldo María Panero ha estado marcada por experiencias extremas, incluyendo problemas de adicción y episodios de enfermedad mental. Estas vivencias personales se han reflejado de manera explícita en su obra poética, convirtiéndola en un espejo de su propia biografía.

Reconocimiento y recepción

La obra de Panero ha generado una recepción dividida: por un lado, ha sido admirada por su audacia, su autenticidad y su capacidad para dar voz a los marginados; por otro, ha sido criticada por su crudeza y su temática explícita. A pesar de las controversias, es considerado una figura importante de la poesía española contemporánea, cuya obra ha influido en poetas posteriores que exploran temáticas similares.

Influencias y legado

Panero ha sido influido por poetas como William Blake, Arthur Rimbaud y por la literatura beat. Su legado reside en su valentía para explorar los aspectos más oscuros de la condición humana y en su capacidad para hacerlo con un lenguaje poético crudo y visceral. Ha abierto caminos para una poesía que no teme adentrarse en los abismos del yo y de la sociedad.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Panero ha sido interpretada como un grito de auxilio, una denuncia de la hipocresía social y una búsqueda desesperada de identidad. Su poesía invita a la reflexión sobre los límites de la normalidad y la universalidad del sufrimiento.

Infancia y formación

Leopoldo María Panero, junto a sus hermanos Juan y Nicanor, conformó una saga literaria de gran impacto. Su figura ha sido objeto de interés cinematográfico y documental, que exploran las complejidades de su vida y obra.

Muerte y memoria

Leopoldo María Panero falleció en su pueblo natal, Leganés. Su recuerdo perdura como el de un poeta radical, cuya obra sigue interpelando al lector por su honestidad brutal y su profunda humanidad.